El mensaje de Macri a inversores: «La baja del déficit no se negocia»

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Dujovne promete revisar “renglón por renglón” el gasto público y admite más subas de tarifas para bajar subsidios. La apuesta es bajar más el riesgo país para financiar la transición luego de las elecciones

Télam

En su breve paso por Buenos Aires esta semana donde participó de un evento para inversores, Claudio Loser le recomendó a las principales figuras del equipo económico que repasen un libro escrito por dos brillantes economistas: Kenneth Rogoff y Carmen Reinhart. El ex director del departamento occidental del Fondo Monetario Internacional y mendocino de origen se refería a «Esta vez es distinto», un estudio que repasa las crisis de 66 países en los últimos 800 años. La conclusión es catastrófica: todas las debacles económicas (casi sin excepción) tienen como origen un abultado déficit de las cuentas públicas y acumulación excesiva de deuda en momentos de bonanza económica.

«Los gobernantes siempre creen que aprendieron de los errores del pasado, que están mejor preparados y que son más inteligentes, por lo que esta vez será distinto», explica el extenso trabajo. La Argentina es un buen banquillo de pruebas para esta afirmación. Pero las advertencias por el excesivo nivel de endeudamiento en el que incurre el Gobierno y el abultado rojo de las cuentas públicas quedan siempre eclipsaban por un debate ideológico.

Están los que acusan a Mauricio Macri de querer volver a la década de 1990 y del otro lado los que dicen que las políticas pasadas hubieran llevado a la Argentina un infierno parecido al que se vive en la Venezuela de Nicolás Maduro. Sin embargo, el dilema que hoy carcome a los inversores que están realizando fuertes apuestas financieras en activos argentinos no tiene nada de ideológico. Lo único que quieren saber es si realmente vale la pena mantener la apuesta o es preferible salir corriendo antes de que se produzca la próxima crisis.

Errarle a la meta de inflación es un tema menor para inversores. Pero la baja del déficit fiscal resulta primordial

El ministro de Finanzas, Luis «Toto» Caputo, es quien debe dar la cara cada vez que se reúne con fondos de inversión que están interesados en comprar bonos argentinos. «Si no bajamos el déficit fiscal no estaríamos pegando un tiro en el pie», dice para convencerlos. Públicamente es algo más suave pero va en la misma dirección: «Para ganar credibilidad la única manera es cumplir con las metas de baja de la inflación y fiscales que nos impusimos». El funcionario está ahora en China junto con Macri, cerrando acuerdos para financiar obras de infraestructura con capitales de ese país.

El debate sobre si se cumplirá o no con el 17% es sin embargo puramente periodístico y ayuda a darle visibilidad a los economistas. Pero ni siquiera figura en la agenda de los inversores. Por eso las críticas del gabinete económico a Federico Sturzenegger apuntan a esa dirección: «Todavía no entendemos porque se encaprichó con el 12-17%, cuando era obvio que la meta tenía que ser de entrada 20%», se quejan.

Hacienda presentó un “paper” con los puntos centrales del plan para empezar a controlar el gasto público y encarar la reforma tributaria.

Lo que en verdad miran los inversores es si la tendencia es a la baja, lo que se cumplirá de sobra. Pasar del 40% al 20 ó 22% este año ya es un logro para los que observan hacia dónde va la economía argentina. Y los mercados están convencidos que seguirá bajando en los próximos años. De hecho, las tasas en pesos para plazos largos son mucho más bajas que las actuales. Y compañías como Banco Macro o YPF colocaron deuda a 5 años a tasas del 17% anual fija en moneda local.

Con el déficit fiscal es diferente. El Gobierno prometió una baja gradual desde 4,2% del PBI hasta 2,2% para 2019. Pero hasta ahora dio pocas pistas de cómo piensa lograrlo. Ricardo López Murphy, que intentó recortar el gasto antes del estallido de la Convertibilidad, lo grafica de esta forma: «Todos los gobiernos prometen que harán el ajuste, pero siempre más adelante. Les dejo a ustedes que decidan si esta vez cumplirán», señaló en una conferencia repleta de fund managers locales y del exterior.

¿Qué tiene en mente el ministerio de Hacienda para cumplir con la baja del déficit? La tarea no luce sencilla teniendo en cuenta los antecedentes. Pero una pista –bastante vaga por cierto- la dio Sebastián Galiani, el viceministro de la cartera, en su presentación ante la Comisión Bicameral que analizará la reforma tributaria. El plan consta de cinco ejes, que son los siguientes, según consta en el «paper» presentado ante los legisladores:

. Se reducirán subsidios de energía y otros sectores a un ritmo de 0,5% del PBI por año. Esto necesariamente implica «revisaciones periódicas» de las tarifas, un eufemismo para no hablar directamente de nuevos aumentos.. Mantener el gasto en niveles constantes, es decir que no aumente en relación a la inflación.

. Coordinar con las provincias una mayor moderación fiscal.

. Realizar una reforma tributaria que ataque los principales impuestos distorsivos. «Los límites de la reforma –reconoció Galiani- están dados por el elevado gast público».

. Y, por último, quizás la tarea más difícil, revisar «renglón por renglón» los componentes del gasto. El objetivo es encontrar ahorros en un verdadero trabajo de hormiga. A eso está abocado hoy la mayor parte del tiempo el equipo que Dujovne nombró en Hacienda.

El Gobierno todavía tiene tiempo para avanzar con su plan y los mercados le dan la derecha. Las tasas ya está en los niveles más bajos de los últimos veinte años y sigue en descenso. Hoy un bono argentino rinde sólo 2 puntos más que otros títulos de países de la región como Perú, Colombia, o incluso Bolivia y Paraguay. El riesgo país se ubica en 400 puntos básicos y todo indica que podría seguir descendiendo en los próximos meses. Pero todo está supeditado al resultado de las elecciones de octubre y a la efectiva reducción del déficit el año próximo.

Los datos que desplegó el ministerio de Hacienda son explosivos en relación a la «herencia recibida» luego de 12 años de kirchnerismo. El gasto público total (Nación, provincias más intereses de la deuda) saltó de 23,9% del PBI en 2003 a 43,6% en 2015. Un aumento de 20 puntos que no se refleja ni en una mejora de la infraestructura, crecimiento o reducción de la pobreza. Ése es el punto de arranque del Gobierno para intentar una verdadera epopeya: hacer el ajuste sin que se note.