Para Córdoba, fue bueno mientras duró

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ADRIÁN BASSOLA

Quizá la relación institucional que juntos consolidaron sea la base sobre la que se construyan las futuras administraciones

etrás de todas las complejas circunstancias que los rodearon durante estos cuatro años, Juan Schiaretti y Mauricio Macri sostuvieron en este período una relación de afecto y respeto mutuo. Un vínculo que nació muchos años antes, cuando durante la dictadura el primero se exilió en Brasil y trabajó en Fiat Automoveis SA, entonces en la región en manos de Sevel, empresa del grupo Macri.

En 2015, la llegada de Cambiemos a la Presidencia hizo que la relación Nación-Provincia fluyera como nunca se había dado durante los 12 años anteriores, cuando, paradojas de la política, en los dos niveles había gobernado el mismo partido: el peronismo.

La “reparación histórica” que Córdoba recibió de parte de Macri por los años de desierto a los que la había confinado el kirchnerismo tuvo gestos y señales de todos los colores. Pero fue crucial en el tema del dinero. Sólo dos ejemplos: los acuerdos por los que la Nación cubrió todos estos años el déficit de la Caja de Jubilaciones cordobesa y los imprescindibles avales para que la Provincia pudiera acceder al mercado internacional de crédito y obtener los fondos sobre los que se edificó el vasto plan de obra pública de Schiaretti, pilar de la reelección del cordobés el 12 de mayo pasado.

Es cierto que, de alguna manera, ayudando a Córdoba Macri se estuvo ayudando a sí mismo. Basta ver el color del mapa de Argentina que dibujó la elección de ayer, de un azul intenso en casi la totalidad del territorio nacional, aunque con manchones amarillos en algunos distritos clave. Allí, en el centro, Córdoba da testimonio desde hace cuatro años de su amor por Cambiemos y, como inevitable contrapartida, de su rechazo por el kirchnerismo.

Por otro lado, en estos cuatro años, con cada discurso mesurado de Schiaretti, con cada ausencia del gobernador en las reuniones en las que el kirchnerismo juntaba fuerza para garantizar el triunfo de ayer, el Presidente absorbió gobernabilidad, un bien que le fue escaso durante largos períodos de su gobierno, y mucho más en este caótico último año y medio.

En el Panal, todo el que pasa por el amplio pasillo que desemboca en el despacho principal escucha el mismo argumento desde hace cuatro años. “Vamos a priorizar la gobernabilidad sin importar quién esté en la Casa Rosada. Y lo vamos a hacer con el próximo presidente, sea quien fuere”. No es novedad, el gobernador lo dice públicamente, como también repite otra frase de manual: “De cada crisis se sale con más pobres que antes”. En esas cuestiones apoya el mandatario su trato cordial y respetuoso con el Presidente. “Normal”, podría decirse, si no hubiera existido la anterior desastrosa relación Córdoba-Nación durante el kirchnerismo.

Visto desde el otro lado, también Schiaretti se ayudaba a sí mismo ayudando a Macri a gobernar. El vendaval de votos amarillos en la provincia en la elección de ayer (y en todos los recientes comicios nacionales en estas tierras) no daba como para pelearse mucho con el depositario de tremenda confianza del electorado

Sintonia

Ni cuando se desencontraron se desconocieron totalmente. Siempre primó el cuidado en las declaraciones públicas y, si cabía, un telefonazo directo o un mensaje de WhatsApp, sin siquiera secretarios de por medio.

En la mayoría de las casi 25 visitas que Macri realizó a Córdoba como presidente, Schiaretti estuvo paradito en el aeropuerto para propinarle un cálido abrazo al pie del avión.

“Amigo presidente”, le decía públicamente en épocas en las que tenían más sintonía. En esos momentos, a Macri no se le caía el “Gringo” de la boca para aludir al gobernador.

El cordobés, un dirigente político con sobrada experiencia, sabe, como sabe todo el país, que los fracasos de la economía sellaron la suerte del mandatario nacional. Pero Schiaretti valora otros aspectos del gobierno de Macri y destaca la relación “adulta y responsable” que tuvo no sólo con Córdoba, sino con todas las provincias del país.

Quizá la relación institucional que juntos consolidaron sea la base sobre la que se construyan las futuras administraciones, cuando la gestión de Mauricio Macri ya sea sólo un recuerdo.