Ascienden a 525 los muertos por la brutal represión en Egipto

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Carnicería. Partidarios de Mohamed Mursi, el ex presidente islamista derrocado por los militares el 3 de julio pasado, cuentan cadáveres en una morgue en el barrio City Nasr, en El Cairo. La mayoría de las víctimas dormía en improvisados campamentos en dos plazas de la ciudad al llegar la represión.
Carnicería. Partidarios de Mohamed Mursi, el ex presidente islamista derrocado por los militares el 3 de julio pasado, cuentan cadáveres en una morgue en el barrio City Nasr, en El Cairo. La mayoría de las víctimas dormía en improvisados campamentos en dos plazas de la ciudad al llegar la represión.
Carnicería. Partidarios de Mohamed Mursi, el ex presidente islamista derrocado por los militares el 3 de julio pasado, cuentan cadáveres en una morgue en el barrio City Nasr, en El Cairo. La mayoría de las víctimas dormía en improvisados campamentos en dos plazas de la ciudad al llegar la represión.

El Ministerio de Sanidad confirmó la nueva cifra a raíz de la matanza ocurrida ayer al desalojar campamentos de opositores que exigían el regreso del derrocado Mursi. Hay también más de 3.700 heridos.

 

Al menos 525 son los muertos y 3.717 los heridos por la brutal matanza de opositores llevada a cabo ayer por fuerzas de seguridad en Egipto, informó hoy tras un nuevo recuento el Ministerio de Sanidad.

El vocero del Ministerio, Mohamed Fathala, explicó que el mayor número de víctimas fatales se contabilizó en el campamento de seguidores del depuesto presidente Mohamed Mursi en la plaza de Rabea al Adauiya, donde murieron 202 personas.

La cifra difundida hoy se asemeja a la que desde ayer temprano, cuando comenzó a difundirse la matanza que estaba ocurriendo, denunciaban los seguidores de Mursi.

El desalojo comenzó de madrugada y tomó a todo el mundo por sorpresa, pese a que el gobierno llevaba varios días amenazando con intervenir tras el fracaso de los mediadores europeos y estadounidenses para resolver la crisis política. Cuando la policía llegó a las plazas de Adawiya y al Nahda, centros de concentración de la oposición, muchos islamistas dormían aún en sus carpas. Los despertaron los gases lacrimógenos y los megáfonos de la policía que les ordenaba desalojar el lugar.

En un primer momento muchos huyeron, pero los sectores más beligerantes se reorganizaron luego, armaron barricadas con sacos de arena y chatarra, y resistieron arrojando una lluvia de piedras sobre los uniformados y algunas molotov. También hubo armas de fuego entre los manifestantes, lo que fue aprovechado por la policía para reprimir con más fuerza aún. El Ejército egipcio también sacó sus tropas a la calle y controló la situación desde helicópteros militares.

La batalla fue sangrienta. Un grupo de médicos de los Hermanos Musulmanes trataba de salvar a los heridos en improvisados centros sanitarios, pero los cadáveres se acumulaban a lo largo del día. En la nómina de víctimas fatales figuran dos trabajadores de prensa que intentaban cubrir lo que sucedía. Mick Deane, un veterano camarógrafo del canal británico Sky News, y Habiba Ahmed Abelaziz, una destacada periodista egipcia, fueron asesinados a balazos.

Otro centro de violencia fue el distrito conocido como Ciudad Naser, donde se concentra un amplio sector de la población más pobre. Allí la situación se salió totalmente de control y el cruce de disparos fue constante.

Las fuerzas de seguridad no esperaban una reacción tan combativa. Pero finalmente los doblegaron y arrasaron el lugar con excavadoras para eliminar las barricadas mientras había blindados de respaldo.

Los disturbios no se limitaron a la capital. Y se extendieron a otras provincias y ciudades de Egipto, entre ellas Luxor, Alejandría, Beheira y Daqahiliya, en Suez.

La violenta acción generó la condena internacional y la inmediata renuncia del vicepresidente del gobierno provisorio y Premio Nobel de la Paz, Mohamed El Baradei, mientras que grupos políticos y de derechos humanos consideraron el dictado del estado de emergencia durante un mes por parte del gobierno de Adli Mansur como un regreso al pasado.

Es que esa norma excepcional, con la que el ex dictador Hosni Mubarak había reprimido a la oposición durante los 30 años de su autocracia, fue uno de los elementos que lanzaron a las calles a millones de personas durante la Primavera árabe que llevó a su caída en 2011. La medida acabó siendo finalmente derogada en 2012.

El estado de emergencia le permite realizar redadas y detenciones sin una orden judicial, así como anula derechos políticos y atribuye a las fuerzas del orden un instrumento de discrecionalidad para –como teme la oposición– cometer abusos de todo tipo. Además, el gobierno estableció el toque de queda en 12 provincias: nadie podrá salir a la calle entre las 7 de la tarde y las 6 de la mañana. Así buscaron suprimir las constantes protestas de los seguidores de Mursi, que desde el 3 de julio vienen manifestando contra el golpe de Estado.

 

Fuente: Diario Clarín