“Atendí cinco pacientes a la ida y uno a la vuelta”

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El médico Marcos Agón se fue de vacaciones, pero tanto a la ida como durante el regreso debió atender emergencias médicas en pleno vuelo. Asegura que lo volvería a hacer sin problemas, aunque admite cierto temor.

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Por Redacción LAVOZ

Marcos Agón es cardiólogo, y trabaja en la terapia intensiva del Hospital Provincial de Bell Ville, además de atender en una clínica privada y en un consultorio. Y en sus últimas vacaciones se convirtió, involuntariamente, en “médico en vuelo”.

Hace muy poco tiempo, se subió al avión que hace el trayecto Córdoba-Ciudad de Panamá, para pasar unos días de vacaciones en el Caribe con su familia.

Las tres primeras horas del vuelo fueron tranquilas, pero cuando faltaba algo menos de cuatro horas para llegar a destino, el personal de a bordo preguntó si había un médico entre los pasajeros.

Él y su suegro, también médico, se acercaron en forma inmediata.

“Pero como él no tenía nada que lo habilitara como profesional, sólo dejaron que colaborara conmigo haciendo comentarios, pero no que tocara a los pacientes”, contó Marcos. “También me aclararon que estaba prestando ayuda en calidad de voluntario, y que no podía pedir ningún pago por lo que haría”, indicó.

De ahí en más, el vuelo fue para el cardiólogo casi como una jornada en el hospital, aunque en la estrecha cabina del avión y con insumos más que limitados: una tras otra, debió asistir a cinco personas que se descompensaron.

“El primero, por el que nos llamaron, fue un chico joven, de unos 30 años, que tuvo una convulsión, y que si bien recuperó la parte neurológica, quedó con hipotensión por el resto del viaje. Necesitó oxígeno y viajar acostado lo que quedaba del vuelo”, contó.

Apenas terminaba de atender al muchacho, una mujer de unos 40 años pidió ayuda por un estado nauseoso y un cuadro de tensión baja similar al del chico. También requirió oxígeno.

“El tercero fue un caso complicado”, recordó Agón. “Era un señor de unos 70 o 72 años, con una patología coronaria, que estaba medicado”, precisó.

Por él, justamente, fue que el avión casi debió desviarse de su destino final y aterrizar en un aeropuerto alternativo, según contó el cardiólogo.

“Fue el paciente más complejo que tuve que atender esa noche. Estaba muy desorientado y con la tensión baja. Lo recostamos, y también recibió oxígeno y le pusimos sal bajo la lengua, que era lo único que había para subirle la tensión”, relató. Pareció mejorar, y Marcos pudo abocarse a asistir a otras dos pasajeras que también se descompusieron por hipotensión.

“El piloto entonces bajó la altitud y aumentaron el frío en la cabina para favorecer la vasoconstricción y mejorar la presión de los pasajeros”, contó.

Pero cuando todo parecía haberse tranquilizado, el paciente coronario volvió a descompensarse, esta vez no sólo con los síntomas propios de la hipotensión, sino también con dolor en el pecho. “Por esa razón, el piloto informó de la situación a personal médico en tierra, para que con esos datos recomendaran qué hacer. Igual, yo hablé con el piloto y le dije que si en 20 minutos el paciente no se recuperaba, había que bajar, y me aseguró que así se haría. Por suerte, se mejoró y no fue necesario desviar el avión”, recordó.

Cuando llegó a Panamá, un equipo médico se llevó al paciente coronario, y también asistió al chico que había tenido el problema neurológico. “No supe después qué pasó con ellos”, dijo Marcos.

A la vuelta de las vacaciones, contra toda probabilidad estadística, el cardiólogo otra vez debió asistir a un paciente en pleno vuelo. Pero esa vez fue sólo una descompostura sin mayores complicaciones, si bien la atención demandó más de una hora.

De vuelta en su asiento, Marcos fue recompensado con una gaseosa y las muchas gracias por altavoz del capitán.

“No me arrepiento de haber ayudado. Y si volviera a pasar, a pesar de que no viajo mucho, lo haría de nuevo, aunque obviamente me da temor, porque la responsabilidad legal dista de estar clara en esas situaciones”, concluyó.