Causa Río Tercero: el empleado que intuía “algo raro”

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En la novena audiencia del juicio oral por las explosiones de 1995, un exoperario de la Fábrica Militar fue el único testigo. Habló de los movimientos no habituales en los meses previos por los operativos de ventas de armas a Croacia.  

 

El juicio por la voladura de la Fábrica Militar de Río Tercero sumó ayer su novena audiencia, de las más de 20 o 30 que a este ritmo demandará, y crece la impresión en el ámbito del Tribunal Oral Federal 2 de Córdoba de que para la sentencia habrá que aguardar hasta los últimos días de diciembre.

Para este martes se aguardaba que comparezca Omar Gaviglio, exjefe de la Planta de Carga donde se originó el siniestro el 3 de noviembre de 1995 y testigo clave en la causa por la venta ilegal de armas de la justicia federal porteña. Sin embargo, su testimonio se suspendió sin fecha, dada la prolongada declaración de otro exempleado de la Fábrica Militar.

Juan Carlos Roldán contestó preguntas durante más de cuatro horas. En 1995 trabajaba como “cargador” de proyectiles en la Fábrica Militar, de la que se retiró en 1996.

Roldán contó, sobre el momento del primer fuego, que estaba “tomando el mate”  en un sector cercano cuando sintió “un bramido”, y que un compañero que se asomó le comentó que habían tomado fuego tambores con trotyl. “Pensé que era una joda”, dijo. Pero segundos después comprobó “que dos o tres tambores del tinglado” tenían fuego. Relató que corrió a avisar a otros sectores cercanos y que al volver a mirar, “ya saltaba un fuego, como un soplete, hacia otros tambores más alejados».

Ahí supo que había que huir del lugar, por el enorme riesgo que se corría. Describió que además de decenas de tambores había en el mismo sector “dos mil o tres mil” proyectiles cargados.

Al igual que los otros exoperarios de la planta que ya declararon, Roldán opinó que el trotyl que había en los tambores era el descargado de proyectiles, por viejo, y que ese material no toma fuego de ese modo ni explota. “Nosotros quemamos muchas veces trotyl de descarga, cuando limpiábamos y juntábamos el que quedaba tirado. Con hojas de árboles se juntaba y quemaba, pero no hacía fuego”, precisó. Abonó así la opinión extendida de que esos tambores debieron tener “algo más” que trotyl.

“Movimientos raros”

Luego, Roldán contó que antes del siniestro presintió que “algo raro” sucedía en el sector de polvorines, aunque le costó explicarlo ante las insistentes preguntas de uno de los abogados defensores.

“Mire, una semana antes le dije a mi señora que el día que escuchara una explosión no habitual, se fuera de la casa con los chicos. También por esos días busqué pero no encontré al jefe de Defensa Civil municipal para comentarle, porque no me gustaban los manejos que había. Y algo le dije cuando lo vi al doctor (Bernardo) Mogni (entonces concejal), que estaba pasando algo raro. El me decía: ‘No puede ser’. También le comenté esa impresión a gente del gremio ATE”, expuso Roldán ante el tribunal.

Cuando se le pidieron precisiones sobre a qué llamaba “algo raro”, el testigo apuntó que “algo anormal veía que pasaba, un mal manejo, cosas que antes no se veían en la Planta de Carga”. Entre ellas, habló de un exceso de material acopiado, del apuro con que se ordenaba la descarga y carga de proyectiles de guerra para un próximo embarque. Dijo que se mencionaba entre los operarios que eran para Croacia.

En ese marco, declaró que en enero de 1995, estando de vacaciones, fue buscado para retornar “de urgencia” a la fábrica porque se debía apurar “un operativo”. Y contó un episodio, ya relatado por otros testigos en etapa de instrucción, de un camión “Fiat blanco” que llegó meses antes de la explosión “repleto de proyectiles”. Apuntó Roldán: “Al abrir la compuerta se cayeron varios y empezamos a correr por temor, porque estaban completos, con espoleta”. Dijo que lo habitual era que las bombas de cañón o mortero se transportaran envaladas en cajones, de a dos unidades, y jamás sueltas. Esa situación fue otra de las que mencionó como “algo raro”.

En el expediente se menciona ese episodio, junto a otros, como muestra de los operativos de retiro del material del Ejército para ser retocado en las fábricas militares y exportado luego, en las operaciones clandestinas desviadas a Croacia entre 1991 y 1995.

Más datos

Mientras un abogado de dos de los imputados reclamaba que el testigo no contestaba con precisión, los querellantes se quejaban por el estilo acosador del letrado en el interrogatorio.

En otros pasajes, Roldán admitió recordar antecedentes de fuegos desatados en el sector de polvorines, aunque mucho menores y controlados, incluido uno en la máquina montacargas. También dijo que “tuvo miedo”, por lo que nunca hizo declaraciones del tema, más allá de las judiciales, y opinó que, a su criterio, el siniestro fue provocado.

El juicio sigue este miércoles y jueves con más testigos que trabajaron en la planta militar. El próximo 17, jueces y partes harán una inspección ocular en la Fábrica Militar Rio Tercero.

 

Fuente: Diario La Voz del Interior