Cómo celebran en Córdoba el Ramadán

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Lejos del sueño. En una franja de población blanca estadounidense crece el pesimismo sobre las chances de progresar económicamente.

1_592Ayunan durante un mes y oran en la mezquita que está en Nueva Córdoba. Es un período de recogimiento.

 

Cuando cae el sol en la ciudad de Córdoba, y en distintas partes del mundo aunque a diferentes horas, los musulmanes que respetan por estos días el Ramadán rompen el ayuno hasta que asoma el alba.

El Saum o ayuno del Ramadán –que dura un mes durante las horas en que no asoma la Luna– obliga a abstenerse de alimentos, bebidas y relaciones sexuales, entre otras cosas. Este es uno de los pilares del Islam, que aglutina a más de 1.600 millones de musulmanes en todo el planeta.

El Ramadán se cumple el noveno mes del calendario lunar, que este año se celebra entre el 10 de julio y el próximo 7 u 8 de agosto, conforme al calendario gregoriano.

Durante un mes, 30 días como máximo y 28 como mínimo, los musulmanes cumplen con el Saum, además de las cinco oraciones obligatorias diarias. Se alaba a Dios a través de los rituales tradicionales.

A las 18.30 comienza la oración del ocaso en la mezquita, que funciona en el piso superior de la Sociedad Árabe Musulmana de Córdoba (con 1.500 socios), en calle Obispo Salguero al 200. Minutos antes, se corta el ayuno con un café y dátiles mientras con una especie de letanía, en árabe, un miembro de la comunidad llama a rezar.

La oración se celebra en un salón amplio, con una alfombra roja, paredes blancas y algunas inscripciones en árabe. No hay imágenes de veneración.

El sheij Ahmed Hewaidy, un egipcio llegado a Córdoba hace dos años, dirige la oración ante una veintena de personas, la mayoría varones alineados en primera fila. Las mujeres, con sus cabezas cubiertas y con túnicas hasta los pies, se ubican atrás. Todos miran hacia la Meca. El sheij recita el primer capítulo del Corán, y todos dirigen súplicas y alabanzas a Allah. Se inclinan con una mano en la rodilla, primero; luego, se prosternan hasta tocar la frente con el piso, en señal de adoración, sumisión, respeto, humildad y súplica.

En las oraciones obligatorias se realizan tres o cuatro prosternaciones; en las voluntarias, dos. Todo musulmán de cualquier parte del mundo reza en árabe, los libros sagrados se publican con la fonética y el significado para quienes no conocen el idioma.

“El Corán enseña a respetar a los demás. Ninguna Nación puede sobrevivir por sí sola”, explica Hewaidy, el sheij egipcio, casado y con tres hijos. El sheij es elegido por un Consejo de Sabios en cada país. Si en las mezquitas no hay un imam, cualquier miembro de la comunidad puede dirigir la oración. “Cuando se acerca el Ramadán, pedimos a Dios que nos perdone los pecados. Todas las adoraciones son para acercarnos a Dios, más indulgencia, más perdón”, agrega.

Al final, los miembros de la comunidad comparten una cena abundante, sin bebidas alcohólicas hasta la oración de la noche (Ichá), donde se repite el ritual.

En primera persona

El ingreso a la ceremonia musulmana fue gestionado por Marta Guerreño López, presidenta de la Unión de Colectividades de Córdoba (Ucic), una entidad que nuclea a 34 agrupaciones de inmigrantes.

Como invitadas, Marta y yo nos ubicamos en sillas al fondo del salón.

La primera oración comenzó a las 18.30. Cuando nos presentamos, minutos antes, algunos de los miembros nos dieron apenas la mano; otros no. Luego, nos explicaron que es porque aún no habían cortado el ayuno y, hasta entonces, no pueden contactar con el sexo opuesto.

Nos quitamos los zapatos, nos colocamos una túnica y nos cubrimos la cabeza con un pañuelo. Luego de la primera oración llegó la cena. Ingresaron los políticos Martín Llaryora y Juan Manuel Cid. Nos dijeron que es habitual que haya invitados.

 

Fuente: Diario La Voz del Interior