Dramático rescate tras dos días atrapados por el fuego

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Reencuentro. El festejo de los varados con sus familiares, ayer a la tarde, minutos después de que el grupo llegara a Athos Pampa.
Reencuentro. El festejo de los varados con sus familiares, ayer a la tarde, minutos después de que el grupo llegara a Athos Pampa.
Reencuentro. El festejo de los varados con sus familiares, ayer a la tarde, minutos después de que el grupo llegara a Athos Pampa.
Son 48 alumnos, padres y profesores que quedaron varados en el Champaquí. Habian ido de paseo y el incendio forestal lo dejó aislados. Luego de dos intentos fallidos, ayer lograron ponerlos a salvo.

 

Exactamente a las 17.55 de ayer, los 48 chicos, padres y profesores que habían quedado atrapados en el cerro Champaquí –rodeados por el mayor incendio forestal de la historia de Córdoba– llegaron a Athos Pampa, en pleno corazón del Valle de Calamuchita. Allí los esperaban sus familiares, tras una larga vigilia a la espera de que el viento, el humo y el fuego les dieran una tregua para bajar.

Estos chicos de entre 11 y 16 años de dos escuelas de taekwondo –una de Córdoba y otra de Cosquín– que habían organizado una excursión en conjunto, tuvieron que esperar 48 horas a ser rescatados. Incluso, en el refugio Puesto de Ojo de Agua se voló el techo por los fuertes vientos, pero no sufrieron heridas.

La espera no fue fácil. No sólo por el humo y la incertidumbre, sino también por los intentos frustrados de regresar. El domingo a media mañana cuando comenzaron a bajar porque el clima lo permitía, el descenso debió ser abortado: desde un helicóptero les avisaron que regresaran porque el viento hacía avanzar muy rápido a las llamas. Y a la siesta, cuando se evaluó transportarlos en helicóptero, la operación se canceló por los vientos que causaban turbulencias y aumentaban el riesgo.

“Fue una experiencia inolvidable, no sabíamos lo que pasaba abajo; sólo veíamos el humo a lo lejos. En una de las veces que quisimos salir y avanzamos, nos dimos con cortinas de humo que no nos dejaban ver. Pero siempre estuvimos tranquilos y nos aconsejaron quedarnos en el refugio, porque era un lugar seguro”, le contó a Clarín, Mauro Gordon, un chico de Cosquín que con sólo 14 años es bombero voluntario y por esas casualidades de la vida, quedó varado por los incendios de pinares, junto a 19 chicos más.

Su experiencia como bombero fue útil: “Saber los movimientos del viento o factores del clima, me dio ventajas. Pero nunca estuvimos en riesgo. En el Puesto de López, donde pasamos la noche, nos atendieron muy bien, incluso algunos chicos contaron chistes muy buenos”, detalló ya en tierra firme.

El caso de Humberto Amaya es emocionante. Este rescatista de la Fuerza Aérea y jefe del grupo de guardavidas de Cosquín llegó ayer a las 11 al refugio Puesto de López donde estaba el contingente, y antes del helicóptero que lo transportaba tocara tierra, saltó con su equipamiento especial. Uno de los jóvenes que esperaba allí, es su propio hijo, que también se llama Humberto: “ Este es el rescate de mi vida. Soy especialista en rescates, para eso vivo. Pero hoy, además de eso vine a rescatar a mi propia sangre”, dijo emocionado, mientras abrazaba a su hijo. El chico contó que “fue una aventura inesperada. Yo fui a la casa de un amigo el viernes a la noche. El sábado a la mañana empezamos a escalar y a las 13 ya habíamos llegado a un refugio. A la tarde nos avisan por radio que había incendios”.

Sandra Ibáñez, madres de los chicos que quedaron atrapados, se quejó de que “hubo una gran desorganización desorganizada. Las órdenes y contraórdenes del grupo operativo hicieron que se retrasara todo y no pudieran descender”.

La mujer aseguró que “nadie nos avisó de los incendios. El grupo se registró en el acceso al Champaquí y los dejaron subir el sábado a las 7 de la mañana. Y los incendios habían comenzado el viernes a la tarde. Recién cuando volvíamos de Villa Alpina después de dejar a los chicos, escuchamos en la radio que había algunos focos controlados y otros fuera de control”.

Su hijo, Matías Valles (16) destacó que “en el Puesto de López nos abrieron las puertas de par en par. Les estamos muy agradecidos. Esa gente nos dio bebidas ni bien llegamos, nos dijo que nos quedáramos y comiéramos y nos alojó aunque muchos no teníamos plata”.

Este adolescente estuvo “siempre tranquilo” y junto a sus compañeros de travesía pensó que “se trataba de un incendio en algún basural”. “Queremos hacer cima en el verano, vamos a volver”, dijo desafiante y feliz de estar con los suyos, sano y salvo.

 

Fuente: Diario Clarín