El portero, procesado por homicidio “con alevosía”

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Abatido-Jorge-Mangeri-Rios-sospechososTELAM_CLAIMA20130704_0001_17Es una calificación legal a la que sólo le cabe la pena de prisión perpetua. Para el juez, Jorge Mangeri actuó aprovechándose de la indefensión de la víctima. La clave fue su ADN bajo las uñas de Angeles.

 

 

El juez Javier Ríos procesó ayer al portero Jorge Mangeri (45) por matar con alevosía a Angeles Rawson (16), delito cuya única pena es de prisión perpetua. Lo hizo en un fallo relativamente corto (30 páginas), en el cual persisten algunos misterios, pero también se decantan hipótesis: Mangeri es el único sospechoso del crimen. “No se ha identificado a ninguna otra persona a la que pueda vincularse con el acontecimiento que se investiga”, concluyó el juez.

En su composición de lugar, Ríos sostiene que el portero atacó a la adolescente (a la cual conocía desde hacía una década) adentro del edificio de Ravignani 2360. Eso se acreditó porque la mañana del 10 de junio (cuando Angeles desapareció) la chica quedó filmada por la cámara de un edificio lindero al suyo, y también porque la mucama que trabajaba en su casa aseguró que nunca llegó a entrar al departamento. Sin embargo en el fallo nada se dice acerca del móvil ni de la escena del crimen ¿Fue en el sótano? ¿En el departamento del portero? ¿En la terraza?

Pero aún sin saber por qué o exactamente dónde ocurrió todo, las pruebas acumuladas en la investigación fueron tantas que, a la hora del procesamiento con prisión preventiva, Ríos ni hizo referencia al famoso “Fui yo” que Mangeri le dijo a la fiscal Paula Asaro la madrugada del sábado 15 de junio, en medio de su declaración como testigo del caso.

Aquella autoincriminación (si bien no pudo usarse como indicio en su contra) le valió salir de la fiscalía esposado e imputado del homicidio. También le dio otro color a los indicios que ya tenían los investigadores contra él. Por ejemplo, el hecho de que Mangeri hubiera sido reticente para presentarse a declarar como testigo.

Un punto clave de la resolución de Ríos es el agravante de la alevosía, que implica que el asesino actuó sobre seguro, aprovechando la indefensión de la víctima. En este punto el juez evaluó la confianza que Angeles le tenía a su portero, lo que pudo hacerla caer inocentemente en una trampa.

Para el juez, Angeles estuvo indefensa porque la contextura de Mangeri (108 kilos y 1,78 metros de altura) era muy superior a la suya (51 kilos y 1,65 metros).

Como segundo argumento, Ríos desgranó los resultados de la autopsia, que indicaron que la adolescente murió compactada dentro del camión de la basura. Allí terminó luego de que Mangeri la desechara en una bolsa de residuos, maniatada de pies y manos.

El hecho de que el cuerpo de Angeles fuera encontrado el martes 11 en el Ceamse de José León Suárez permitió saber parte de la mecánica de su ataque y muerte. Y esto también pesó en contra del portero, que era el responsable de recoger la basura del edificio y que, tal como declaró un vecino, el día de la desaparición de la chica le pidió por el portero eléctrico que sacara la basura al hall una hora antes de lo habitual.

Una segunda vecina también lo complicó. “Manifestó haberse sorprendido cuando en horas del mediodía del día del hecho se encontró casual e intempestivamente con el causante en la terraza. Agregó que le llamó la atención el escaso diálogo que mantuvo con el mismo, quien no respondió a una de las frases que le dijo y que Mangeri iba vestido con shorts y remera, y quizás descalzo ”, dice Ríos en el fallo. Esa mañana hacía frío.

Pero sin duda la prueba de cargo más importante contra Mangeri fue la genética. En tres dedos de la mano derecha de Angeles quedaron rastros biológicos que la chica le arrancó a su atacante en un último intento de defensa. En el cotejo con el ADN tomado al portero las muestras extraídas del dedo índice de la chica dieron una correspondencia perfecta. Las otras también se correspondieron con las del portero, pero el rastro estaba incompleto.

A eso se suma un detalle no menor: Mangeri tenía el abdomen lleno de arañazos que, según los médicos, se correspondían en antigüedad con el día en que Angeles fue atacada. El dijo que lo habían torturado, pero no lo pudo probar.

Las abrumadora cantidad de pruebas en su contra derivaron en su procesamiento. Lo que aún no se explica es cómo ese portero que según el propio padre de la víctima tenía una relación “buenísima” con su familia terminó convirtiéndose en un asesino.

 

Fuente: Diario Clarín