El riesgo cardiovascular no es sólo masculino

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La mujer debe conocer cuáles son los factores de riesgo cardiovascular modificables sobre los que puede actuar a fin de lograr protección.

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Por Analía Reineri (Especial)

Los especialistas insisten: la mujer debe conocer cuáles son los factores de riesgo cardiovascular modificables sobre los que puede actuar a fin de lograr protección. Y también aquellos que no puede modificar, como la edad y los antecedentes familiares de enfermedades del corazón, y la presencia de otras patologías, para poder cuidarse.

Paralelamente, es preciso erradicar un mito. “Probablemente, el mayor factor de riesgo cardiovascular en la mujer es la percepción errónea de que es una enfermedad de hombres”, subraya Verónica Castellanos, titular del Departamento para la Salud Cardiovascular de la Mujer del Sanatorio Allende Cerro.

“La comunidad ha considerado la salud de las mujeres casi con un abordaje ‘bikini’, mirando esencialmente las mamas y el sistema reproductivo y casi ignorando al resto de la mujer como parte de la salud femenina”, añade.

En 1983, Barbra Streisand protagonizó la película Yentl. En ella, el personaje que encarna Streisand decide disfrazarse de hombre para poder acceder al estudio de la Torah, algo prohibido para las mujeres en la época en la que está ambientado el filme. La historia inspiró una interpretación médica, denominada “síndrome de Yentl”. “Así bautizó la médica Bernardine Healy en un artículo de la revista The New England Journal of Medicine, a la situación de invisibilidad médica de las mujeres en el estudio de las enfermedades cardíacas que están vinculadas a los hombres”, señala Castellanos. “Fuimos invisibles para la comunidad médica porque los estudios científicos eran diseñados para hombres y los resultado se aplicaban para mujeres. Estábamos disfrazadas de hombre”, enfatiza.

Tanto Castellanos como Roberto Colque, responsable de la Unidad Coronaria y Cuidados Críticos del Sanatorio Allende Cerro, destacan que la sintomatología en la mujer es diferente. “Ahora se descubren más casos en el sexo femenino que antes, porque demorábamos en diagnosticar ya que los síntomas en la mujer son a veces ambiguos”, dice Colque.

“Está sobreestimado el concepto de ansiedad en las mujeres. Muchas veces se señala: tiene palpitaciones por ansiedad, tiene ardor en la boca del estómago porque está muy nerviosa o comiendo rápido. Se subestiman, además, dolores en el cuello y en la nuca y lo atribuimos a que duerme mal. Y, en muchos casos, son síntomas cardiacos”, agrega.

Los médicos aseguran que no siempre las mujeres manifiestan el tradicional dolor de pecho u opresión conocida como “pata de elefante” o falta de aire. “Simplemente, pueden tener puntadas que en ocasiones los profesionales consideran producto del estrés o de una situación emocional angustiante”, señala Colque.

El interrogatorio médico, sumado a controles sencillos, pero rutinarios, son fundamentales para el diagnóstico.

Cecilia Cravero, expresidenta de la Fundación Cardiológica Argentina recuerda que los estrógenos defienden a la mujer de la patología isquémica hasta la menopausia, luego avanza con mayor rapidez la aterosclerosis y, cerca de los 70 años, supera al hombre en los eventos cardiovasculares. Cravero también destaca que las manifestaciones de enfermedad y eventos cardiovasculares pueden ser diferentes entre hombres y mujeres. “A veces no hay dolor como en el hombre, y las palpitaciones pueden ser expresión de una angina de pecho”, completa.

Control
Si no tienen antecedentes, las mujeres deben controlar su corazón al menos, a partir de los 40 años. Sin embargo, hay que saber que el riesgo cardiovascular es continuo a lo largo de la vida –de hecho, hay trabajos en los que se han encontrado estrías de grasas en las aortas fetales– y empeora en la menopausia”, dice Castellanos. “No hay que esperar hasta ese momento de la vida para implementar medidas que disminuyan la probabilidad de eventos cardiovasculares”.
La instalación de hábitos saludables debe comenzar cuando niños, destaca Cravero, al tiempo que indica que controles, como electrocardiogramas u otros análisis clínicos, se realizan toda la vida, y que saber que hay antecedentes familiares no debe paralizar, sino alentar la prevención.