En plena recesión, los gremios se repliegan por sector y le dan aire al Gobierno

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En plena recesión, convive un escenario de inactividad de las centrales obreras con avances puntuales de Camioneros Petroleros

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Por: Ricardo Ríos

Tan a fuego lento se cocina la unidad del sindicalismo peronista que cada tanto es perentorio espiar por debajo de la cacerola si la hornalla conserva la llama. Las tres CGT se han igualado en un potente estado de hibernaciónnomás se impuso que cualquier intento de juntarse debería esperar hasta marzo o abril del año que viene. Los protagonistas se sentirán cumplidos si antes de terminar 2014 logran reunirse representantes de las distintas tribus para cantar loas a una central única. Una ambición más bien modesta, de la que el Gobierno saca partido.

Con semejante grado de desmovilización, que se mixtura con la libertad de acción de cada organización para abrazarse al precandidato presidencial de su gusto, el tablero aparece hoy circunscripto a las particularidades de cuestiones netamente sectoriales. Así, vista la ausencia de consignas generales de las centrales, la hora señala que los gremios deben arreglárselas por sí mismos, procurando blindar cada cual su metro cuadrado de actuación.
Sólo el aletargamiento generalizado explica que ninguna CGT se pronunciara acerca de la decisión de la administración K de haber convalidado que los camioneros de Chubut y el norte de Santa Cruz quedaran exceptuados de seguir pagando el impuesto a las Ganancias; del que ahora deberán hacerse cargo sus empleadores.
Aquellos dirigentes y observadores que se preguntaron si éste precedente podría abrir las puertas a reclamos similares de otros gremios, se quedaron con las ganas de conocer las posiciones de Caló, Barrionuevo o Moyano. Y eso que la actualización del mínimo no imponible es desde hace tiempo la asignatura pendiente número uno del sindicalismo.
Tampoco nadie pareció interesado en la observación de una extrañeza: la paritaria dentro de la paritaria que negocian los petroleros privados y los gremios jerárquicos del sector para ganarle a la inflación. Reabrir una negociación salarial cerrada era para el Gobierno una blasfemia. Con todo, y pese a que se levantó un paro, las discusiones van a seguir.
Los voceros prefieren escudarse en el anonimato a tener que dar la cara para arriesgar cuándo se realizará una reunión ampliada y pública para tratar el tema unidad. Algunos hablan de un posible encuentro la semana próxima, otros señalan la redacción de un hipotético documento crítico sobre la actualidad del cuadro socioeconómico. Improvisación en su estado más puro.
Si el Gobierno transformó las reuniones de Gabinete en un recuerdo lejano de otros tiempos, algo parecido viene ocurriendo con los encuentros de consejo directivo de las respectivas CGT. Se suman una tras otra las semanas de inactividad total. En la próxima deberían reunirse los gremios del transporte, que prometieron regularidad para demostrar que el sindicalismo tendrá más pronto que tarde criterios unificados.
Los funcionarios kirchneristas atienden de a uno los problemas del mundo trabajo. Libres de presión, sienten que tienen todo el tiempo del mundo para llevar a largas cualquier respuesta. Da igual que sean oficialistas u opositores.
Recién acomodado a su nuevo cargo de secretario general de Luz y Fuerza, Guillermo Moser, lleva ya sendas reuniones con los ministros de Planificación, Julio De Vido y con el jefe de Gabinete, Jorge Capitanich, a la búsqueda de que el Gobierno «afloje» en materia de Ganancias. El lucifuercista también pidió turno para verlo a Axel Kicillof, responsable de Economía.
A estos nombres hay que sumar el del ministro de Trabajo, Carlos Tomada, para tener el equipo oficial completo encargado de las negociaciones laborales. Se mueven en interiores y también se muestran en salidas a exteriores, como ayer, junto a su colega de Transporte, Floreal Randazzo, durante la presentación de los nuevos trenes que se incorporarán próximamente a la flota del Ferrocarril Mitre.
«Hasta acá me escucharon, pero no me dijeron nada», señaló Moser a Infobae, en la seguridad de que si el Gobierno decidiera librar de Ganancias al aguinaldo de fin de año, ese anuncio correría por cuenta exclusiva de la doctora Kirchner, ahora internada. Por el nivel salarial de la actividad, Luz y Fuerza tiene a casi todos sus afiliados como blanco de la succión impositiva.
Inscripto entre los gremios oficialistas de peso, Luz y Fuerza entiende que en cualquier caso encontrará algo de compensación en uno bono navideño de 5.000 pesos, que según su jefe estaría casi garantizado, como en años anteriores. «Se trata de un pedido justo. No debería haber problemas. Necesitamos a nuestros trabajadores en la mejor condición para evitar que suframos una crisis energética como la del año pasado. Vamos a andar bien…«, deslizó, sutil, el sindicalista.
El que hoy en cambio se expone al fuego de la Rosada es el colectivero Roberto Fernández, no tan optimista como su colega del sector energético. El jefe de la UTA amenaza con llevar al paro a los colectiveros de todas las distancias si el Gobierno no da luz verde a los salvavidas salariales de fin de año, que en algunos casos específicos se pactan de antemano y quedan plasmados en la paritaria del año con el formato de «gratificación».
Después de desairarlo a Moyano durante el último paro, el colectivero se vuelve a mostrar altivo para referirse a Cristina. Ciclotímico en su relación con la Presidenta, la actual inquina del colectivero estaría motivada en la decisión del Ministerio de Trabajo de seguir adelante con la consulta que determinará si los trabajadores del Subte, hoy regidos por la UTA, consiguen los afiliados necesarios para conseguir su propia personería, que les de la independencia.
Otro que debió pasar por la mesa examinadora del dúo Capitanich-Tomada fue Daniel Yofre, titular del gremio que a nivel nacional congrega a los trabajadores aceiteros. La organización resolvió suspender el paro que venía llevando adelante en Cargill por la no aplicación del convenio de los aceiteros. De este modo se abrió una instancia negociadora.
Yofre denuncia que la empresa alienta a su personal a sindicalizarse vía Comercio o con el gremio de los recibidores de grano (Urgara) por una cuestión de conveniencia salarial.