Ganancias: segundo semestre viene peor

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El impacto podría llegar al doble. Es por el segundo aumento salarial del año y el aguinaldo. Afectará más a quienes ya tributaban.

 

Para el millón de trabajadores asalariados que están pagando el Impuesto a las Ganancias, el impacto del tributo en la segunda mitad del año será sustancialmente más elevado que en el primer semestre. En algunos casos, podría llegar a pagarse más del doble.

En realidad, el verdadero problema de este gravamen no es la cantidad de empleados que están alcanzados (tiene razón el jefe de Gabinete al señalar que no aumentan desde el año pasado) sino cuánto paga cada uno.

Más allá de la falta de actualización del piso a partir del cual se tributa (conocido comúnmente como mínimo no imponible), lo importante ahora es modificar la escala de alícuotas, que es la misma que implementó José Luis Machinea en 2001.

Como Ganancias es un impuesto –en teoría– progresivo, a medida que sube la base imponible aumenta la alícuota (va desde el nueve al 35 por ciento). Así, quienes más ganan, pagan más.

Lo que sucede es que, como el salto de una alícuota a otra más alta es tan chico por el efecto de la inflación durante estos 14 años, quien empieza a tributar pasa rápidamente a tasas más altas y con muy poco aumento salarial (que encima no significa un mayor poder adquisitivo) queda alcanzado por el 35 por ciento.

Qué pasa con aumentos y aguinaldo

Por el efecto de la desactualización de la tabla de alícuotas, un aumento de sueldo o el cobro del aguinaldo puede impactar mucho más en la retención de Ganancias, con lo cual la suba salarial es, finalmente, menor (en algunos casos puntuales, incluso puede ser negativa).

En particular, el cobro del sueldo anual complementario (un 50 por ciento más junto con el salario de junio) tiene un alto impacto y es casi seguro que el empleado pase a una alícuota más alta (incluso pase más de una escala) durante la segunda mitad del año.

¿Por qué sucede esto? Por la particular forma de cálculo del impuesto. Ganancias es un impuesto anual pero que, en el caso de los asalariados, se va anticipando en forma mensual (al cierre del año se realiza la liquidación final).

Para estimar la retención cada mes, el empleador toma el valor acumulado de los ingresos del trabajador y les resta el monto acumulado de las deducciones permitidas por la ley.

Estas deducciones son iguales todos los meses (el valor anual dividido en 12), salvo cambio en las normas. En cambio, los ingresos pueden aumentar o disminuir por varias causas: horas extras, vacaciones, feriados, bonos, aguinaldo.

Así, en los meses en que los ingresos suben, como el monto por deducir para calcular la base imponible no varía, el impuesto también aumenta. El tema es que, por efecto de la escala desactualizada, es muy probable que el empleado esté alcanzado por una alícuota más elevada, con lo cual la retención de Ganancias sube más que el aumento salarial.

Un caso

En el ejemplo que se despliega en el infográfico de esta página se puede ver claramente esta situación. Se toma el caso de un empleado que puede deducir a su cónyuge (quien no trabaja) y a dos hijos menores, que ganaba un sueldo neto de 17 mil pesos en enero. Se realiza la suposición de dos aumentos de sueldo de 15 por ciento cada uno, en abril y en septiembre, con un acumulado anual de 32,25 por ciento.

Este trabajador, empieza pagando 815 pesos de Ganancias en enero, el 4,8 por ciento de su salario neto.

Pero, cuando en abril aumenta el sueldo, la retención de Ganancias se eleva a 1.428 pesos, un 75 por ciento, y pasa a ser el 7,3 por ciento de su sueldo. Así, en lugar de una suba salarial de 15 por ciento, a su bolsillo va a parar sólo un 12 por ciento extra.

Cuando cobra el sueldo de junio con el aguinaldo (el 50 por ciento más), la presión tributaria crece mucho más. Puntualmente, pasa a pagar 4.233 pesos, el 14,4 por ciento de su sueldo. Esta carga vuelve a bajar en julio, pero el contribuyente se queda en un escalón superior al de mayo por el arrastre del aguinaldo.

Con la segunda recomposición salarial de septiembre vuelve a suceder algo similar, pero agravado, porque pasa a estar alcanzado por una alícuota mayor.

Ahora, tendrá que abonar 2.326 pesos de impuesto, el 10,3 por ciento de su salario. Y del 15 por ciento de aumento de sueldo, sólo recibe el 11 por ciento.

En diciembre, con el segundo aguinaldo, el pago de Ganancias trepa a 5.862 pesos, el 17,4 por ciento del sueldo.

Así, en todo 2014, terminaría tributando 25.395 pesos, el 9,8 por ciento de su ingreso neto.

Si el contribuyente no hubiera tenido ningún aumento salarial (que encima, obvio, no implicó una mejora en su poder adquisitivo sino un acomodamiento, incluso por debajo, a la inflación), hubiera pagado 14.147 pesos.

En conclusión, gana un 32,25 por ciento más, pero el aumento del tributo es el 80 por ciento, con lo cual la suba de sueldo se limita a sólo 13,3 por ciento.

Cálculo para 2014

Mínimos diferentes. Desde septiembre del año pasado, el Gobierno hizo cambios y ya no se pueda hablar de “un” mínimo no imponible. Hay distintos valores según los casos.

Referencia. Para clasificar a los empleados se toma como referencia el mejor sueldo bruto cobrado entre enero y agosto de 2013. No importa si después varió o si cambió de trabajo.

Parámetros. Los que en esos meses no superaron los 15 mil pesos brutos de sueldo, quedaron (y siguen) exentos de Ganancias. Quienes cobraban entre 15 mil y 25 mil tienen deducciones (forman el piso a partir del cual se tributa) un 20 por ciento más altas: sin cargas de familia ni otras deducciones suman 108.242 pesos en el año. Quienes superaron los 25 mil a principios de 2013 tienen el mínimo no imponible más bajo (ergo, una carga mayor): 90.202 $/año.

 

Fuente: Diario La Voz del Interior