Las tecnologías son la clave del éxito

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En cultivos de girasol con rendimientos potenciales de 1.200 kilos por hectárea, el porcentaje de daño de la paloma torcaza es del 50% o más. Con 4.000 kilos de rendimiento por hectárea la pérdida es de sólo el 2% (80 kg/ha).
Horacio Allochis, productor de Embajador Martini, en el Departamento de Realicó, al norte de La Pampa.
Horacio Allochis, productor de Embajador Martini, en el Departamento de Realicó, al norte de La Pampa.

En el norte de La Pampa es posible alcanzar rendimientos de girasol que se diferencian marcadamente de los promedios zonales. Estos resultados son el fruto de las nuevas tecnologías disponibles, pero también de cuidar cada una de las variables que afectan al cultivo. 

 

El girasol es una pieza clave en la rotación que lleva adelante Horacio Allochis en sus establecimientos de Embajador Martini, en el Departamento de Realicó, al norte de La Pampa. Se trata de un planteo mixto en el que dedica el 60% de la superficie a la ganadería y el 40% a la agricultura. Además del girasol, la producción agrícola incluye trigo, maíz y sorgo. “Y algunas veces hemos probado con la soja -dice Allochis-, aunque sin buenos resultados debido a que aparentemente no se adapta al ciclo de lluvias de nuestra región. En cambio, el girasol encuadra bien con estas precipitaciones”.

“Al girasol siempre los sembramos sobre un rastrojo de maíz –explica Allochis-, es decir que el lote acumula agua durante todo el invierno, y se lo mantiene limpio de malezas para llegar con el perfil cargado a la siembra que realizamos durante octubre”.

“Tratamos de acumular la mayor cantidad de agua posible en el suelo –agrega-, porque en nuestra zona en el verano las lluvias son muy pocas. Además, con estas siembras tempranas también capitalizamos las lluvias que siempre tenemos en octubre y noviembre. Con ese envión el cultivo llega bien a la floración a principios de enero, época en la que no tenemos lluvias y eso beneficia la floración. En los años que hemos tenido lluvias sobre un girasol florecido los resultados no han sido buenos”.

El productor pampeano explica que es precisamente ese ritmo pluviométrico el que complica a la producción de soja en esa región. Porque el cultivo arranca bien con las lluvias de octubre y noviembre pero luego son escasas cuando la soja más las necesita, que es cuando empieza la floración, a partir del 15 de enero.

DENSIDAD

En cultivos de girasol con rendimientos potenciales de 1.200 kilos por hectárea, el porcentaje de daño de la paloma torcaza es del 50% o más. Con 4.000 kilos de rendimiento por hectárea la pérdida es de sólo el 2% (80 kg/ha).
En cultivos de girasol con rendimientos potenciales de 1.200 kilos por hectárea, el porcentaje de daño de la paloma torcaza es del 50% o más. Con 4.000 kilos de rendimiento por hectárea la pérdida es de sólo el 2% (80 kg/ha).

 

Allochis utiliza la aplicación de defoliantes que permiten adelantar la cosecha en alrededor de 15 días y reducir los daños causados por las palomas.
Allochis utiliza la aplicación de defoliantes que permiten adelantar la cosecha en alrededor de 15 días y reducir los daños causados por las palomas.

El productor de Embajador Martini argumenta que asegurar un buen cultivo, además del efecto directo sobre los rendimientos, impacta favorablemente en el daño causado por las palomas. “Nuestra experiencia nos dice que en la medida en que el cultivo de girasol disminuye el rendimiento se potencia el daño ocasionado por la paloma torcaza”, apunta.

Con datos propios y que Allochis considera sólo como estimativos, el productor señala que en cultivos de girasol con rendimientos potenciales de 1.200 kilos por hectárea, el porcentaje de daño de la paloma torcaza es del 50% o más. Por lo tanto, superaría los 500 kilos por hectárea de pérdida. Con rindes de 2.000 kilos, la pérdida baja al 15 o 20% (300 a 400 kg/ha), con cultivos de 3.000 kilos ronda el 5% (150 kg/ha) y con 4.000 kilos de rendimiento por hectárea la pérdida es de sólo el 2% (80 kg/ha). “Los buenos cultivos se parecen a una selva –dice de modo figurativo Allochis-. Si la paloma tiene problemas para volar adentro del lote, termina comiendo menos”.

En ese contexto, el productor señala que busca densidades de “no menos 38.000 plantas por hectárea pero de no más de 45.000, porque podemos llegar a afectar el tamaño del capítulo”.

Un factor muy importante ligado a la densidad es la distribución de las semillas, por lo tanto, asigna un papel preponderante al equipo utilizado para la siembra para lograr capítulos uniformes. “Además –comenta-, ponemos mucho cuidado en la fertilización. Hacemos los análisis de suelos necesarios y en función de ellos planificamos las aplicaciones de fertilizantes de manera de llegar a un tamaño ideal de los capítulos, del orden de los 20 a 25 centímetros de diámetro, y bien granados”.

“Sobre nuestra experiencia en fertilización debemos considerar en primer lugar que trabajamos sobre campos propios, por lo tanto estamos invirtiendo sobre nuestras tierras –explica Allochis-, distinto puede ser el escenario de quienes están arrendando lotes”. En esta dirección, explicó que desde los años ‘80 la estrategia de fertilización que lleva adelante se basa en trabajar con dosis bajas pero que cubran lo que cada cultivo extrae. “En lotes que hace dos décadas tenían 20 partes por millón de fósforo, hoy nos encontramos que tienen 22 –explicó-, pero lamentablemente vemos que en la mayoría de los casos los análisis de suelos de otros campos muestran que ha ido cayendo en forma alarmante el nivel de nutrientes”.

“La situación depende de cada lote –agrega Allochis-, pero como norma general aplicamos unos 40 kilos de fósforo a la siembra del girasol y después, si las condiciones acompañan, cuando el cultivo tiene 6 a 8 hojas decidimos el agregado de unos 50 a 60 kilos de nitrógeno a través de fertilizantes líquidos que son fáciles de aplicar y están rápidamente disponibles para la planta”.

La inoculación de las semillas es otra de las prácticas que el productor de la zona de Realicó considera clave en el cultivo de girasol. “Desde hace más de 15 años que venimos inoculando el girasol y con muy buenos resultados. Consideramos que el principal beneficio es que la planta inoculada mejora su resistencia a la sequía, un aspecto clave para quienes producimos en La Pampa. Y esto se debe a que la inoculación favorece el desarrollo radicular y por lo tanto la planta explora más y mejor el perfil del suelo, tomando nutrientes y agua de mayores profundidades”.

Otra herramienta que utiliza Allochis es la aplicación de defoliantes, que permiten adelantar la cosecha en alrededor de 15 días y reducir los daños causados por las palomas. Al respecto señala que es importante determinar el momento en el que se realizará el tratamiento. “Entre 2 a 4 días después de aplicado el defoliante el girasol toma un color tostado y ahí se dispara el daño de la paloma –explica-. Por lo tanto, si lo aplicamos con 28% de humedad pasarán unos 10 días hasta que alcance un nivel de 14 o 15% con el que podemos iniciar la entrega, aunque la base de comercialización es 12%. Entonces lo que hacemos es aplicar el defoliante con el 22% de humedad y así logramos bajar a 15% en sólo 5 días, con lo que reducimos sensiblemente las pérdidas ocasionadas por las palomas”.

RENDIMIENTOS

Allochis atribuye los resultados que obtiene del girasol a un manejo con el que cuida todos los aspectos del cultivo. Eso le permitió en la campaña 2011/12 obtener un rendimiento máximo de 4200 kilos por hectárea y 2600 de promedio, en la campaña siguiente alcanzó los 3800 kilos con un promedio en su campo de 2900 kilos y en el ciclo 2013/14, caracterizado por una gran sequía y muy altas temperaturas, logró un máximo de 2600 kilos. “Todo esto es producto de las nuevas tecnologías disponibles, porque estos valores hasta hace pocos años nos parecían inalcanzables”

 

Fuente: Diario La Nación