Ministra de Seguridad niega que exista narcoescándalo

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Alejandra-Monteoliva_0Alejandra Monteoliva relativizó la causa con 8 policías detenidos por presunta complicidad con traficantes. Cuestionó el tratamiento en los medios. Dijo que los suicidios de uniformados son por temas personales. Espiaban a narcos con micrófonos en la casa de Viarnes.

 

Es la primera ministra de Seguridad en la historia de la Provincia. Alejandra Monteoliva asumió ese cargo en medio de una tormenta institucional, pero aceptó el desafío porque, dice, “las crisis ofrecen oportunidades”.

Nos recibió a primera hora de la mañana en su amplia oficina del Centro Cívico. Desplegó varios cuadernos sobre la mesa y con una lapicera de pluma, de esas con cartuchos, escribió y dibujó esquemas para graficar sus respuestas.

–Estamos ante uno de los peores momentos en la imagen de la institución policial cordobesa. ¿Qué piensa hacer para revertirlo?

–No es sólo un problema de imagen, sino también de motivación interna. Eso hace una combinación de elementos negativos, entre una imagen que se ha visto afectada y una carencia de motivación de algunos miembros, no de todos. Y esto conforma un pesar institucional que genera desánimo.

–Pero ¿cuál es el origen? ¿Lo que se publicó en los medios generó desmotivación?

–Nos quedaríamos cortos si abordamos el tema desde un solo aspecto. Debemos generar en lo interno una nueva actitud entre los integrantes de la fuerza para con la sociedad, al tiempo que, en lo externo, debemos generar un diálogo diferente, para concientizar a los medios y a la sociedad de que, cuando atacamos a las instituciones, eso trae consecuencias para todos los ciudadanos. No se mide el alcance de esos ataques y eso ha generado una situación de pesar. El padecimiento de la institución policial es que hemos metido todo dentro de la misma bolsa, y el daño de un par de palabras puede tener consecuencias muy negativas.

–¿Cuáles son esas palabras?

–Hay términos que implican un maltrato institucional. Señalar a los policías y meter a todos en la misma bolsa es perjudicial para la institución. Titular, por ejemplo, que esto es un narcoescándalo es muy perjudicial.

–¿Por qué le parece perjudicial ese término?

–Es inadecuado; hay más escándalo que narcoescándalo. ¿Qué tenemos en concreto? Hay una causa y un grupo de personas que son investigadas. Pero ¿qué más sabemos? ¿Qué información tenemos para hablar en esos términos? Narcoescándalo es otra cosa…

–¿Ejemplos?

–Creo que el denominado “Proceso 8000”, en Colombia, que me tocó vivir desde adentro, fue una crisis que puede considerarse narcoescándalo. O lo que se vivió en México. Pero, para el caso de Córdoba, es exagerada esa denominación. Estamos a años luz de lo que es un narcoescándalo, y la causa hasta hoy habla por sí sola.

–Pero si es sólo un escándalo, al menos se trata de uno grande, que ha generado muchas cosas, incluso profundos cambios en la conducción institucional.

–Sí, pero es una crisis generada a partir de una serie de elementos en el interior de sólo un área de la institución, como es la Dirección General de Lucha contra el Narcotráfico, y que se ha manejado desde afuera de una manera pocas veces vista.

–¿A qué se refiere con ese “desde afuera”?

–Al manejo de la causa misma, al papel de los medios, a la actitud de la ciudadanía. Están todos apurados en golpear, en maltratar, pero sin evidencias. Recién cuando se tengan evidencias se podría tomar posición firme frente a unas personas o frente a un área.

–Pero si faltan evidencias, al menos hay ciertos elementos relacionados que llaman la atención.

–Hay elementos relacionados. Podríamos hablar hasta de ciertos errores en procedimientos o irregularidades. Pero de allí a decir que aquellos que los cometieron sean narcotraficantes, hay mucha distancia. Cuando esta situación se resuelva, cuando se compruebe lo que realmente sucedió, no sé con qué cara vamos a mirar a los que hemos culpado con tanta severidad, a los que hoy están detenidos y hemos tildado como narcopolicías.

–¿Usted está convencida de que son inocentes?

–No sé, la Justicia lo dirá. Pero comparo esto con otras situaciones que me ha tocado vivir y veo que muchas veces a las áreas de lucha contra el narcotráfico les va bien cuando les va mal, es decir cuando se mueven poco, cuando no hacen procedimientos. ¿Qué pasa cuando esas áreas se capacitan, están conformadas por excelentes hombres que actúan, que se mueven, que se preocupan? No es la primera vez que a un área de lucha contra el narcotráfico le va mal. Cuando uno tiene una policía que actúa bien, ¿quiénes son los que pierden? ¿Quiénes son los más interesados de que a la Policía le vaya mal?

–¿En nuestro país vamos camino a ser como Colombia o México?

–Si no hacemos nada para evitarlo, sí. Pero estamos a tiempo, y eso depende de que logremos un abordaje federal y que involucre a todos los actores sociales.

–¿La violencia aumenta con el consumo de drogas por parte de los delincuentes?

–Nunca decimos que el consumidor sea un delincuente.

–La semana pasada tuvimos un caso protagonizado por un policía del Eter que conmovió a la sociedad y se suma a recientes de suicidios y supuestos suicidios. ¿Qué reflexión tiene al respecto?

–Han sido muy claras las respuestas que hemos dado frente a este tema y hemos expresado que nos preocupa el número de suicidios, ya que en el año hemos tenido 10 casos en una población de 20 mil personas, lo que es un porcentaje significativo. En ningún momento me atrevería a decir que esto que hemos dado en llamar crisis institucional es directamente proporcional al número de suicidios, porque prácticamente en el ciento por ciento de los casos fueron por problemas personales. Sucede que los integrantes de la institución, por la problemática de su trabajo y porque portan armas, conforman un grupo más expuesto. A mí me preocupa mucho el tema, pero creo que la solución y la prevención son una cuestión social, que compete a muchos y no sólo a la institución.

“Narcomedios”

–¿Existe la narcopolítica? 

-Para mí, no. Podríamos decir también que hay narcomedios, narcoiglesias. El narcotráfico es un fenómeno que permea a toda la realidad social, no sólo a las instituciones policiales y a la política. Afecta a la ciudadanía en general. En cuanto a los medios, en el mundo son muy susceptibles a esa permeabilidad.

 

Fuente: Diario La Voz del Interior