Murió Pascual Mastellone, un empresario de leyenda

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El dueño de La Serenísima falleció a los 84 años. Con innovación tecnológica hizo crecer la empresa y la convirtió en un símbolo para los argentinos.

 

Desde la muerte de su hija Teresa en 2005, la tristeza acompañó secretamente a Pascual Mastellone. Y aunque nunca fue de esos tipos radiantes, en la planta de La Serenísima de General Rodríguez lo describían como una persona alegre, que jamás mostró fatiga, con una gran capacidad de escuchar, optimista ante cada innovación tecnológica y pesimista por los ciclos habituales de la economía argentina. Mastellone, un empresario de leyenda, murió ayer a los 84 años, la misma edad que tiene la empresa que fundaron sus padres.

Hace un año que Mastellone, a quien todos llamaban Don Pascual, alternaba sus días en el hospital y su hogar afectado por una neumonía y el mal de parkinson.

Desde que tomó las riendas de La Serenísima y tal vez por la necesidad de escaparle al precio político que siempre rigió sobre la leche fluida, Mastellone encontró un atajo en la incesante innovación tecnológica a sus productos que fueron vanguardia mundial. Las leches con vitaminas, con hierro, los alimentos funcionales, la ultrapasteurización, los yogures con frutas y cereales, los postres y los quesos untables y duros lo confirman de manera rotunda.

A diferencia de otros industriales optó por el perfil bajo y salvo su activa presencia en los años 90 en los encuentros anuales de la Fundación Mediterránea en Córdoba, donde aterrizaba en su propio avión, no tuvo demasiada participación en entidades empresarias. Solía frecuentar a Luis Pagani, de Arcor y a la ya fallecida Amalita Fortabat.

Por cierto, la deuda siempre fue una pesada carga para La Serenísima, que aún tiene parte de su paquete accionario dado en garantía a los bancos.

Con Raúl Alfonsín y Carlos Menem negoció salvatajes con bancos oficiales.

Néstor Kirchner lo visitó en General Rodríguez cuando estuvo a punto de desprenderse de la compañía y le prometió otra ayuda.

Antes de morir, Mastellone firmó compromisos legales para que La Serenísima sea “invendible y siga en manos de la familia Mastellone por la historia”, según anticipó a Clarín en 2010. “En una empresa de estas características, donde la inversión rinde tan poco, muchos van a querer vender. Si hay problemas buscaremos que solo puedan comprar esa parte los accionistas actuales”. La Serenísima pertenece en 67% a los hermanos Mastellone y 33% el fondo Dallpoint, de Carlos Agote.

Don Pascual siempre conservó la rutina del tambero y aunque vivía en Buenos Aires, se levantaba a las 4. La lectura de diarios lo acompañaba hasta la llegada a las 6,30 a su despacho en Puerto Madero. Nunca se llevó bien con la computadora. Y las repuestas a sus inquietudes eran en papel. Lo acompañaba casi siempre una bufanda y regulaba la temperatura en su casa, en el auto y en la oficina en 18 grados.

A fines de 2013 empujó con intensidad desembarcar con la producción de yogures y postres, que aquí vendieron a Danone, en Brasil, Colombia y México, como una manera de activar la planta que amplió en 1998 y que como faltó materia prima aún tiene varios equipos encajonados. Mucho de eso tendrá para resolver José Moreno, su histórico hombre de confianza que queda al frente de La Serenísima con sus 4.600 empleados, 10 plantas y 4,5 millones litros procesados diariamente.

El último 7 de agosto, día de su cumpleaños, hubo una misa por su salud. Mastellone deja dos hijos varones de su primer matrimonio, Antonio, cada día más involucrado en la empresa y Gustavo. Mauro es su hijo menor, fruto de una relación con la vedette Katia Iaros. En los últimos meses Mastellone sufrió otro golpe afectivo con la muerte de su hermana Raquel. Lo sobreviven tres hermanos, Rosa, Victorio y José.

Cuando cumplió 80 años, Don Pascual tiró la casa por la ventana en una fiesta de 4.500 invitados a la que asistieron todos los empleados de La Serenísima. En la planta la gente formaba fila y cientos se agolpaban justo donde estaba sentado Mastellone. Obreros, administrativos, tamberos, transportistas, algunos con los chicos y otros con hijos crecidos (tercera generación en la empresa) buscaban la foto con Don Pascual. Símbolo de un empresario paternalista, el 25% del plantel de su firma tiene más de 20 años de antigüedad. Aquel fue un festejo único en la Argentina por parte de un industrial al que su madre acostumbró a sentarse en la misma mesa con los obreros. Ese día dijo: “ Estoy enfermo de empresa y me retiraré en 2018, cuando hayamos terminado de pagar hasta el último centavo de la deuda”.

Mastellone se fue antes. Su velatorio comenzó ayer y sigue hoy desde las 9 a las 18, en el Salón de Relaciones Públicas de la planta de General Rodríguez, Almirante Brown 957.

 

Fuente: Diario Clarín