Osvaldo viajó a Monte Cristo para contar su historia a puro corazón

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“Es un milagro”, fue lo primero que dijo el hombre. El avión que traía el órgano para el trasplante afrontó un aterrizaje en medio de una intensa niebla.

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Por Redacción LAVOZ

En apenas un mes, por el pecho de Osvaldo (58) pasaron dos corazones. El primero fue el que lo acompañó desde su gestación, pero que por una miocardiopatía dilatada terminal tuvo que ser reemplazado por otro, más joven, y que lo impulsará por el resto de sus días.

Hoy, Osvaldo ya está instalado en Monte Cristo, tras haber abandonado el Sanatorio Allende apenas siete días después de ser trasplantado.

Ayer, minutos antes de dejar el centro de salud, Osvaldo apareció por un pasillo y se paró a unos cinco metros de una multitud de micrófonos y cámaras que lo esperaban. Con un barbijo que apenas dejaba ver sus ojos, miró a los periodistas y exclamó: “esto es un milagro”.

Es que, si durante la madrugada del martes de la semana pasada Claudio Pistone no hubiera pedido un milagro, probablemente la historia de Osvaldo sería diferente. Pistone, el piloto del avión que trajo el corazón desde Mendoza, sólo podía apelar a que alguna fuerza divina ayudara a disipar la niebla que se posaba sobre el Aeropuerto.

Si la visibilidad no aumentaba a 800 metros, la aeronave no iba a poder aterrizar y Osvaldo perdería la oportunidad de su vida. Sin certezas, Pistone partió desde Mendoza y en Córdoba se pudo tocar tierra. En menos de 40 minutos, el corazón ya latía en el pecho que lo necesitaba. “Es algo inolvidable, es muy grande, que no se vive todos los días”, dijo Osvaldo a los periodistas. “Quiero agradecer a los médicos, a las enfermeras, a la familia del donante y al piloto del avión”, agregó muy emocionado y con voz entrecortada.

El paciente afirmó que llegó el tiempo de descansar, cuidarse y estar con la familia. Por último, aseguró que quiere contactarse con el piloto del avión que trajo el corazón, “apenas pueda”. “Pero no se qué le voy a decir, seguro que algo va a salir”, concluyó el hombre, que se despidió de las cámaras acompañado por su esposa, Gladis.

El director médico del Sanatorio Allende, Mario Sorbera, aprovechó la situación para insistir en la necesidad de órganos para trasplante. En ese sentido, apeló a las tareas de los médicos de unidades críticas para mejorar la procuración, y de los familiares de los potenciales donantes.

Sobre la evolución de Osvaldo, Sorbera comentó que no hubo efecto de rechazo y que deberá tomar un medicamento que baja las defensas inmunológicas. Por ese motivo, tendrá una readecuación de su vida por seis meses, en los que debe tener cuidado a la hora de estar en contacto con personas enfermas y estar atento a la hora de los cambios de temperatura.

El médico aseguró que Osvaldo no tiene ninguna recomendación a la hora de ver el campeonato mundial de fútbol que empieza en Brasil.

Proeza en el aire

Salida. El avión que traía el corazón desde Mendoza demoró su partida por la falta de visibilidad. El piloto se averiguó el tiempo que podía esperar y partió con lo justo. En Córdoba se encontró con un segundo de visibilidad de 800 metros, lo que necesitaba para aterrizar y que el órgano pudiera ser trasplantado por el equipo del cirujano Roque Córdoba en el Sanatorio Allende. En siete días, el paciente logró el alta y afrontará los cuidados del caso.