Otra deuda del Estado: el plan nacional para enfrentar desastres nunca arrancó

0
313
Registro-ultimas-emergencias-mapa-riesgos_CLAIMA20130414_0131_24Se creó en 1999, pero quedó en papeles. Por su falta de implementación, hubo alertas tardías, improvisación y prevención nula durante las catástrofes que afectaron al país en los últimos años.

 

 

Los desastres como las inundaciones de Capital y La Plata, la caída de cenizas volcánicas en Villa La Angostura en 2011, los incendios en el Delta en 2008 o el alud de Salta en 2009, se llevan cientos de vidas. Dejan secuelas en el alma y en el ambiente. Y producen grandes pérdidas económicas, como los 1.800 millones de dólares que costaron las inundaciones en Santa Fe en 2003 o los más de cuatro mil millones de pesos que se estima que se fueron con el desborde del agua en La Plata. Esos impactos serían menores si funcionara el Sistema Federal de Emergencias, que fue creado en octubre de 1999, pero que nunca funcionó por desidia y abandono del propio Estado.

Ese Sistema Federal había salido por decreto al final de la segunda presidencia de Carlos Menem y fue conocido por su sigla: SIFEM. Surgió por un consenso entre diferentes organismos públicos después de las inundaciones en el Litoral en 1998. También había temor en aquel momento por el supuesto desequilibrio informático que iba a provocar el cambio del milenio (se llamó “Y2K”), y que no ocurrió.

“El SIFEM no era un organismo más, sino un esquema de organización del Estado Nacional que debía actuar en coordinación con las provincias y los municipios”, contó a Clarín Ruth Zagalsky, geóloga y miembro de la Asociación de Administradores Gubernamentales.

Poco después, asumió Fernando De la Rúa y, según recordó Rodolfo Terragno –que fue su primer jefe de gabinete–, la Argentina recibió un crédito del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) por 351 millones de dólares para poner en marcha el SIFEM. “Montamos un centro con computadoras en la Jefatura y recibimos asesoramiento de los Estados Unidos e Israel, pero cuando yo salí del Gobierno por diferencias con la política económica, no se le siguió prestando atención, y el SIFEM languideció. No sé en qué se usó el crédito. Era un sistema en construcción”.

Aún hoy, el sistema para prevenir que los impactos de los desastres sean menores sigue sin funcionar. “No existe una sistema para prevenir los riesgos, ni tampoco está preparada la respuesta durante el desastre y el después. Como si fuera poco, la mayoría de los funcionarios –tanto a nivel municipal, provincial como nacional– trabajan como si las ciudades no tuvieran riesgos, y ellos mismos construyen riesgos. Por ejemplo, en Capital se hicieron viaductos cuando se sabe que es una zona inundable”, resaltó Alejandra Celis, investigadora en desastres del Centro Estudios Sociales y Ambientales.

En los últimos años, sólo hubo algunas acciones parciales del Gobierno nacional, como un programa de desastres bajo la órbita del Ministerio de Planificación y una comisión sobre gestión de riesgo que depende del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva.

Una empresa pública, el Polo Constituyentes S.A., intentó ponerse en contacto con organismos públicos relacionados con los desastres naturales y hacer un plan hace dos años. “Los desastres deben ser asumidos como una política pública”, consideró su gerente general, Bruno Capra. “Estamos intentando consensuar un nuevo plan con la gestión participativa de la gente. Sin dudas, si existiera habría menos afectados y muertos, y menos costos económicos”, agregó.

De acuerdo con el registro Desinventar, entre los años 1970 y 2009 fallecieron 6.117 argentinos por los 14.902 desastres que ocurrieron(en el 70% de los casos, fueron inundaciones, tempestades, nevadas y sequías).

¿Qué debería hacerse para cuidar más la vida? “Todo municipio debería tener un plan de desarrollo local en el cual no puede faltar un programa estratégico para la gestión del riesgo”, respondió Héctor Poggiese, del programa sobre planificación participativa y gestión de Flacso. “Se deberían elaborar mapas de riesgo de desastres con participación comunitaria, entre otras medidas”, insistió.

Hoy, los trabajos científicos que brindan advertencias no se usan sistemáticamente para adoptar medidas a tiempo y minimizar el impacto de los desastres. Muchos alertas se dan tardíamente. A veces los alertas llegan, pero mucha gente no sabe qué hacer frente al desastre, porque no han recibido capacitación como así tampoco los mismos funcionarios en municipios o provincias. Cuando finalmente el desastre arrasa con todo, hay improvisación y desorganización en la respuesta, y así sigue el círculo vicioso de los desastres en la Argentina que ojalá pronto se rompa para siempre.

 

Fuente: Diario Clarín