Preocupación gremial: despidos y suspensiones en el país donde se esperaba que crezca el empleo

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La Organización Internacional del Trabajo pronosticó una situación estable en el mercado laboral. Es más, proyectó que en países como la Argentina debería bajar el desempleo en los próximos años. Sin embargo, las estadísticas oficiales y privadas marcan otro escenario.

 

Días atrás, la Organización Internacional del Trabajo (OIT) difundió un informe dando cuenta de que en 2014, la pérdida de empleos en el mundo será algo menor de la que se registró en los últimos años. Y aunque tampoco desborda optimismo (habla más bien de una situación estable en líneas generales), señala también que la mayoría de empleos por crearse corresponderán a países emergentes y en desarrollo; el mosaico donde supuestamente encaja la Argentina.

Sin embargo, quienquiera que haya estado esta semana en el plenario de delegaciones regionales de la CGT opositora se habrá ido del mítico Salón Felipe Vallese con la impresión de que no se presenta justamente venturoso el porvenir del mercado laboral argentino. Fueron, por lejos,“despidos, suspensiones y cierres de fuentes de trabajo” las palabras más repetidas del encuentro donde se formalizó el 28 de este mes como fecha de realización del segundo paro general de actividades por 24 horas contra la administración de Cristina Kirchner.

El diagnóstico del sector sindical que tiene como referencia central al dúo Moyano-Barrionuevo trazó un cuadro en el que para un futuro de corto plazo sólo se vislumbra decadencia para los sectores de la producción, especialmente con relación a sus principales actores, los trabajadores.

Sobre la base de una inflación calculada de un 40 por ciento este año, que se empequeñece frente a los 54 mil millones de pesos que aportarían aquellas personas en relación de dependencia en concepto de tributo a las Ganancias, quedó establecido por ese sector sindical que están a un paso de la gran batalla en reclamo de la reapertura de las paritarias, que apenas si llevan un trimestre de vigencia.

Todos los dirigentes que tomaron la palabra durante el cónclave sindical admitieron públicamente que los acuerdos salariales que vienen de sellar para sus respectivas organizaciones, se fueron al demonio; que devinieron a inútiles, sea por la espiral inflacionaria que no se detiene o por los estragos que hace sobre ellos el llamado “impuesto al trabajo”. Y que se van a poner peor a partir del default selectivo.

La persistencia del Gobierno en no actualizar el mínimo no imponible de aquel tributo es justamente una de las razones del paro. Después de meses de insinuar que metería mano en el asunto (todo 2014 en realidad), recién hace dos semanas, el Gobierno de Cristina reconoció que el impuesto no lo va a tocar. En un punto, blanqueó lo que todo el mundo sabe: que necesita ese dinero para sostener su exorbitante nivel de gasto público, que es uno de los más altos del mundo.

También sin ese efectivo resultaría insostenible la continuidad de los casi 60 planes asistenciales que hoy están en vigencia, y que en cierto modo le permite maquillar las cifras de desempleo en la Argentina. Para volver a la OIT: conviene recordar que esa organización, la mayor instancia laboral a nivel mundial, no considera personas efectivamente ocupadas a quienes perciben ese tipo de ayudas; partiendo de la base que no le dan a esos subsidios el estatus de trabajos genuinos.

Si de da crédito a lo que dice la OIT, entonces cuál es el nivel actual de desempleo en la Argentina. Es una pregunta que merecería respuesta, pero una verdadera. Según fuentes oficiales, que no tienen precisamente en las estadísticas su fuerte, la tasa de desocupación se ubicó en el segundo trimestre del año en el 7,5 por ciento; esto es, 0,4 puntos porcentuales por encima del nivel registrado en el trimestre anterior.

“Una de las características principales del moderado descenso del nivel de empleo en el segundo trimestre de 2014 es que la caída del número de puestos de trabajo formales no se debe a un aumento de las desvinculaciones de personal en general, ni de los despidos, en particular, sino quees el resultado de una sensible contracción del volumen de incorporaciones de trabajadores”, concluye textual el Ministerio de Trabajo en su página web, según un informe sobre la “Evolución del empleo registrado del sector privado en los principales centros urbanos”.

El sindicalismo opositor no solamente brama contra los despidos, las suspensiones y los manotazos del Fisco a los salarios. También denuncian como un “robo”, liso y llano, el manejo a discreción del Gobierno de los fondos de las obras sociales. Hablan los sindicalistas de un “saqueo” de 25 mil millones de pesos.

“Si nos dijeran al menos qué destino le dan a esa plata que nos roban, vaya y pase, pero no; no te dicen nada, te toman el pelo… Eso sí, publican una foto nuestra y nos tratan de todo, pero al final los buitres son ellos. Porque estos (por el Gobierno) la van de comunistas, pero con la plata de la gente. Con la de ellos, son liberales…”, exclamó Moyano, en uno de los pasajes más encendidos –y aplaudidos- de su discurso. También pidió una mejora por los jubilados.

Un tratamiento parecido les dio Barrionuevo, al acusar a los funcionarios de hacerse los “patriotas” con YPF, Aerolíneas o los fondos de las ANSeS, pero después de “negociar diez años con los españoles” o de haberse quedado con las tierras fiscales de la provincia de Santa Cruz.

Justamente, Barrionuevo dijo al plenario que su actividad, la gastronómica, vio en los últimos tiempos cómo se desmoronó el “30 por ciento de los puestos de empleo y, por ende, el 30 por ciento de la recaudación”. Habló todo el tiempo de un Gobierno en retirada, que no los escucha, ni a ellos ni a los empresarios.

El camionero, en cambio, se ensañó con el “relato”, como gusta decir a la Presidenta al referirse a la épica del kirchnerismo. “Estamos bajo tierra, sofocados de mentiras y de funcionarios que no entienden ni ellos sus inventos o sus dichos”. Marcó como una contradicción que el Gobierno (aludía en rigor a Capitanich) se refiera a los “oligarcas que ganan más de 15 mil pesos, que son sólo un 10 por ciento de los trabajadores“. “¿Entonces quiere decir que el 90 por ciento gana salarios de hambre?”, la dejó picando.

Respecto de detalles del paro, no los hubo. Se dijo sí que será un éxito, y que si el Gobierno sigue haciendo “oídos sordos”, el plan de lucha ayer aprobado, contemplará otro en la segunda quincena de septiembre. Tampoco nadie dijo nada sobre la resistencia que generan los piquetes. “No hay que quejarse de la izquierda, hay que ponerse delante de los trabajadores”, fue un cross a distancia para los embajadores de la ortodoxia, el dúo de la CGT oficial, los metalmecánicos Caló-Pignanelli, a los que ayer el Gobierno regaló un caramelo: la próxima convocatoria al Consejo del Salario Mínimo, Vital y Móvil.

Ayer no participaron del plenario en Azopardo dos sindicalistas de quienes se espera mucho en el próximo paro: el ferroviario Omar Maturano y el colectivero Roberto Fernández. Pero cuentan con ellos; igual que con el estatal Pablo Micheli, líder de la CTA combativa, quien viene profetizando que la misma sangría que vienen sufriendo los sectores industriales, también se verifica en el sector de los servicios.

 

Fuente: Infobae.com