Pueblos sin médicos en el interior cordobés

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Tres departamentos del noroeste y del norte cordobés –que se localizan en la zona más desfavorecida de la provincia– tienen en conjunto sólo 13 médicos matriculados en la región, y en uno de ellos, sólo dos profesionales para asistir a una población de casi cinco mil personas.

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Por Marcela Fernández

Tres departamentos del noroeste y del norte cordobés –que se localizan en la zona más desfavorecida de la provincia– tienen en conjunto sólo 13 médicos matriculados en la región, y en uno de ellos, sólo dos profesionales para asistir a una población de casi cinco mil personas. Los datos provienen del Consejo de Médicos de la Provincia de Córdoba (CMPC) y registran la matriculación de profesionales del año en curso.

Se trata de los departamentos Minas, Pocho y Sobremonte, donde los médicos matriculados son dos, cinco y seis, respectivamente. Y donde la relación entre la cantidad de médicos y de habitantes no sólo es muy inferior con respecto al promedio provincial, sino que también es muy inferior a la recomendada por la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Haciendo números

La OMS señala que debe haber un médico cada 600 habitantes para garantizar un acceso adecuado a la atención de la salud.

Sin embargo, en Minas hay un profesional cada 2.363 habitantes; en Pocho, uno cada 1.076 personas, y en Sobremonte, uno cada 765. Los datos poblacionales provienen del último censo nacional, realizado en 2010.

Esas tasas, a su vez, están muy por debajo del promedio nacional y provincial, y ni qué hablar si se las compara con lo que sucede en la ciudad de Córdoba. En la provincia hay un médico cada 171 habitantes, y en la Capital –donde se concentra no sólo la mayoría de los profesionales y centros de salud públicos y privados, sino también la atención de complejidad– la relación es de un profesional cada 100 habitantes.

A nivel nacional, en tanto, hay 160 mil médicos, lo que da una tasa de un profesional cada 250 habitantes, según los últimos datos del Ministerio de Salud de la Nación, difundidos en el 2° Congreso del Foro Argentino de Facultades y Escuelas de Medicina Públicas.

En ese contexto, aunque la desigual distribución de profesionales en el territorio provincial no es una novedad, es preocupante que no se modifique con el paso del tiempo y que no se adviertan políticas públicas para garantizar que la población de esas zonas reciba asistencia médica en tiempo y forma.

De acuerdo con el decano de la Facultad de Ciencias Médicas de la UNC, Gustavo Irico, la falta de suficientes profesionales “se traduce en un claro déficit desde el punto de vista sanitario, que hace imposible llevar adelante cualquier estrategia sanitaria”. “Todos los estudios indican que lo ideal es que haya un médico al menos cada 600 habitantes. Cuando la relación se duplica, también se van a duplicar los problemas”, advirtió. “Salvo que existiera un sistema de derivación de pacientes por niveles de complejidad, muy aceitado”, agregó.

Para Hugo Juri, exrector de la Universidad Nacional de Córdoba y exdecano de Ciencias Médicas, tasas como las existentes en el norte provincial implican que los servicios de salud sean insuficientes. “También sucede que en esos lugares, donde las poblaciones son muy vulnerables y no disponen de los mismos elementos culturales que en las ciudades, la gente ni siquiera reclama ese servicio de salud, porque no sabe que tiene derecho”, alertó. “Si lo tuvieran claro, habría una presión y una demanda”, consideró.

“Pero el Estado no debería esperar el reclamo, sino estar presente para cubrir las necesidades”, dijo.

¿Sólo lo económico?

Para el presidente del Consejo de Médicos, Rubén Spizirri, la principal causa que determina que los profesionales no se radiquen en “el interior del interior” se vincula a cuestiones económicas y a los insuficientes honorarios. “Hay localidades donde el médico sólo tiene un cargo público para subsistir, y son sueldos muy bajos, con los que es muy difícil vivir”, dijo. Y señaló que esto se agudiza cuando se trata de especialistas. Pero consideró que “no es falta de interés, porque a muchos profesionales les gustaría volver a radicarse en su zona de origen”.

En opinión de Juri y de Irico, la cuestión es más compleja y, aunque el tema económico está en la base, no es el único factor que incide.

Para ambos, los cambios en el perfil de los nuevos médicos, que muestran un mayor interés por la calidad de vida y por la capacitación permanente, tendrían una fuerte incidencia en el desinterés de radicarse en lugares aislados.

“Esto se vincula al proyecto de vida de los médicos jóvenes que piensan en su formación, pero también en sus hijos y en qué educación pueden ofrecerles”, dijo Irico. “Por eso –aseguró– hay que encontrar nuevas estrategias para un viejo problema”.

De la misma manera, Juri afirmó que “no sólo hace falta el incentivo económico, sino también una infraestructura educativa, cultural y profesional que constituya un medio ambiente favorable para que los profesionales quieran ir a esos lugares”. Además, el experto destacó que hoy, más que nunca, al hecho de que todo médico joven quiere seguir progresando se suma que la medicina es un trabajo de equipo, lo que no se da en esos lugares.

“ Hace 40 o 50 años un médico rural hacía lo mejor que podía, pero hoy hay estándares en la atención médica muy diferentes”, dijo, y señaló que la telemedicina podría ofrecer importantes aportes en las regiones aisladas.