¿Se podrá desarrollar un modelo de agricultura ecológica?

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La cadena productiva argentina, es de una enorme complejidad y estudiarla de forma holística no es tarea fácil, por su heterogeneidad productiva y sociocultural. Sin embargo se ha puesto en el tapete un interrogatorio social interesante:

Lechuga-en-chacra-de-agricultura-ecológica

¿Se impondrá un nuevo paradigma agrícola o será más factible un mapa productivo diversificado en el coexistan fuerzas aparentemente opositoras?

El sector rural argentino está caracterizado por grandes extensiones de cultivos que utilizan una tecnología de insumos. En la misma el costo del gasoil, fertilizantes y agroquímicos en general, son el cebo indispensable para poder hacer “girar la rueda”. El conocimiento y la aplicación de nuevas formas de producir, que reducen los insumos, y hacen más sustentable el desarrollo son los desafíos que imperan para equilibrar la ecuación, produccción_sustentabilidad.

Cada vez más, se discute si vale la pena o no, volver  sobre los pasos de la humanidad, y comenzar a cambiar el criterio en cuanto a calidad en los alimentos. Este debate trae rispidés, ya que existen intereses económicos y corporativos que son dominantes e imponen la agenda agrícola mundial. Estos  tratan deliberadamente de menospreciar los principios sobre los cuales se sustenta una nueva movida “agroecológica”, generando un marco de antagonismo preocupante, con los grupos que se ven identificados bajo tal disciplina.

Variedades distintas de lechuga

¿La diversidad  incomoda a un determinado sector privado?

Probablemente si, y esto no sería raro si se lo analiza desde el punto de vista de las conveniencias corporativas. Para la “psicología de un mega-empresario”  sería casi imposible pensar en un dominio económico, bajo un contexto de creciente valorización de la diversidad cultural.

Es lógico suponer que para determinados sectores hegemónicos,  no hay mayor enemigo, que perder el dominio y la manipulación del pensamiento y las costumbres colectivas que le son de su conveniencia.

Es esperable que ciertas firmas (empresas),  accionen con todo su arsenal de poder (político, económico y mediático), para  influir de manera directa e indirecta sobre la sociedad, intentando desalentar cualquier iniciativa que promueva prácticas culturales y ecológicas. No hay mayor amenaza para cualquier monopolio, que un marco de  contienda plural respecto de las reglas de juego económicas y políticas.

Una visión crítica y objetiva nos hacer ver que el sistema tradicional, no está en riesgo sino todo lo contrario. 

soja

La soja es un fiel ejemplo de ello. Es muy difícil pensar en la reducción, en el corto y mediano plazo de la superficie que ocupa dicha oleaginosa y de los métodos más utilizados para su cultivo.  Lejos de perder fuerza, existe una franca expansión del mapa sojero en detrimento de otras producciones tradicionales, y entre ellas sobre la ganadería. No se pretende estigmatizarla pero no se puede soslayar a la soja, porque es el estandarte y el reflejo del auge de la siembra directa como paradigma productivo y revolucionario. En el combo de la producción con dependencia de agroquímicos, fertilizantes, maquinaria de alto costo, el uso creciente de biotecnología y variedades transgénicas, están incluidos otros cultivos como por ejemplo el maíz.

Exluídos del sistema productivo vigente -Hacinamiento en zonas periurbanas-

Exluidos del sistema productivo vigente -Hacinamiento en zonas periurbanas-

La rentabilidad de determinados actores económicos (muchos excluidos por ser pequeños y medianos productores), sumado a las novedades en materia de biotecnología, han echo de la agricultura extensiva y en particular de la Siembra Directa, un modelo expansivo contundente y determinante.

Sin embargo, hay aspectos estructurales, que no se tuvieron en cuenta en su masiva implementación. Tal es el caso de la  exclusión de la población rural familiar, con el consecuente hacinamiento de pobladores (en situaciones infrahumanas), en la periferia urbana de las grandes ciudades. “La prosperidad” que prometía dicha tecnología productiva, estuvo llena de contradicciones y también se “llevó puesta” una inmensa masa social que no tuvo oportunidad de insertarse en el paquete tecnológico de los cultivos extensivos.

La mecanización, automatización y el uso de agroquímicos, por un lado sustituyeron arduas tareas rurales, pero por otro lado han dejado sin trabajo a muchas familias y sobre todo  a las que formaban parte de las economías regionales. Muchas de ellas  han  quedado sepultadas de manera absoluta e irreversible. Constatándose tristes casos de desnutrición infantil en determinadas provincias del norte y mesopotamia: Chaco, Formosa, Jujuy y Corrientes. De manera utópica, un modelo que se ufana de ser el “multiplicador mundial de los alimentos” deja desnutrido a los propios habitantes. Un desatino y despropósito que también quedó sin atención y tuvo su correlato en la frivolidad e irresponsable desidia de millones de argentinos que es indiferente a ésta terrible exclusión.

Este fenómeno de producir de manera irracional soja por todos los rincones,  ha provocado un sensible aumento de la desigualdad, y no es una cuestión de carácter nacional, sino que ha sido extensiva a países limítrofes. Mucho de esos pobladores entre ellos, paraguayos, bolivianos y peruanos, que realizaban tareas culturales en  huertas de las provincias, otrora con fuerte tradición frutihortícola (labores de poda, cosecha, empaque, etc), han perdido sus fuentes de empleo en sus lugares nativos, y de forma desesperada han ido ocupando lugares marginales en espacios periurbanos ( Capital Federal, Gran Buenos Aires, Rosario, Córdoba).

Estos aspectos negativos, que atañen al cambio de modelo productivo iniciado a mediados de la década del 80, y afianzados posteriormente en la primera etapa del siglo XXI, hasta la actualidad, han sido soslayados sistemáticamente y muy probablemente de manera intencional.

Las pocos individuos (sociólogos, abogados ambientalistas, ecologistas, agrónomos críticos) y/o asociaciones sin fines de lucro,  que han intentado alzar sus voces,  en contra de  grupos económicos poderosos (compañías exportadoras, pooles de siembra, multinacionales de insumos agropecuarios) criticando específicamente, los aspectos más preocupantes de la agricultura moderna, han sido bautizados con motes arto descalificativos. Entre ellos, “agoreros, apocalípticos, retrógrados”, son algunos de los lamentables apodos, que recibieron por el solo hecho de tener una visión crítica de la realidad productiva.  Muchos profesionales fueron desacreditados y puestos en duda frente a la sociedad endilgándoles la fama de  pertenecer a “fuerzas opositoras al desarrollo humano”.

Lamentablemente muchos ciudadanos comunes han adherido a la movida de menospreciar a dichas entidades críticas (personas o instituciones), como también a sus documentos y presentaciones científicas. Estas masas,   han actuado con desidia e indiferencia  y en mucho de los casos,  probablemente, hallan sido víctimas de la manipulación proveniente de  grupos con mayor influencia sobre la vida económica y social. Estos   han utilizado todo su arsenal omnipotente,   para propagar sus ideales “progresistas”  y promover supuestas “panaceas” en el inconsciente colectivo.

Por todos los conceptos enunciados, mas una coyuntura económica internacional, que invita a nuestro país a seguir insertos en el modelo productivo agrícola vigente, es descabellado e incluso improbable pensar en un posible achicamiento de la frontera agrícola ocupada por los cultivos extensivos “vedettes”. Por el contrario se constata que está en franca expansión, habida cuenta que se acaba de oficializar una nueva cifra récord de producción de soja en el país.

Controversias del modelo productivo actual y hegemónico 

Existen varios ejemplos de litigios nacionales e internacionales  al respecto, y de investigaciones con información que es muy diferente y contradictoria, según el organismo que la publique. Han sido de público conocimiento datos, que ponen en duda la inocuidad  del glifosato (principio activo del herbicida más utilizado en el paquete tecnológico de los cultivos transgénicos y siembra directa).  También son repetidas,  las protestas de asambleístas, que impidieron que la multinacional Monsanto pudiera desarrollar un centro de producción de semillas con biotecnología,  en el barrio Malvinas Argentinas en la ciudad de Córdoba. Otro hecho similar en Río Cuarto, referido a la misma empresa, sentó un precedente judicial, ya que no se aprobó otro de los proyectos que tenía previsto para el emplazamiento de una sucursal en dicha plaza.  Sin embargo los principales directivos de Monsanto niegan rotundamente los informes ecológicos, presentados en su contra, y explicitan,  que están siendo víctimas de una campaña política que intenta estigmatizarlos y quitarles su preponderante papel en el circuito productivo de la Siembra directa.

Las contradicciones son numerosas, y en mucho de los casos es muy difícil poder separar, veracidades de  falacias. Por otro lado, genera mucha suspicacia y sospecha que,  en Europa, “considerado el continente del primer mundo”, están siendo resistidos muchos de los productos y paquetes tecnológicos, que en América del Sur (especialmente  Argentina, Brasil y Uruguay) son utilizados de forma masiva, como es el caso de numerosos pesticidas y cultivos transgénicos. A esta desconfianza se le suma, que muchas drogas que se utilizaban en formulaciones de herbicidas, fungicidas e insecticidas otrora permitidas por las autoridades sanitarias locales, hoy están taxativamente prohibidas por esas mismas entidades fiscales y públicas. Por lo tanto hay “ruidos” que hacen crecer aún mas la paranoia y la aversión por las empresas multinacionales que producen y propagan éstos productos de cuya inocuidad se sospecha, y cada vez con más fuerza.

En éste marco arbitrario crece un caldo de cultivo para oportunistas de turno, quienes sacan tajada del desconcierto social.

Determinadas ONG, e instituciones independientes como también organismos públicos,  insisten en informar, con términos científicos sobre los desbarajustes climáticos y ecológicos generalizados a  partir de el auge de la Siembra Directa. Entre diversos argumentos preocupan:

Los crecientes niveles de metano y dióxido de carbono en la atmósfera (aumentando el efecto invernadero), la contaminación con metales pesados que derivan de aditivos de la industria química, el abuso en el uso de pesticidas que contaminan napas y zonas urbanas aledañas a sectores rurales extensivos. También denuncian,  la falta de controles sobre las normas vigentes referidas a buenas prácticas agrícolas y al uso responsable de agroquímicos, como también,   la pérdida de especies vegetales valiosas (erosión genética) a cambio de cultivos extensivos, entre otras.  Basta con echar un vistazo a  la siguiente imagen aérea que expone el avance de la  soja en plena región amazónica (Brasil).

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Tala indiscriminada de selva reemplazada por Soja en el Amazonas (Brasil)

Un término medio, podría ser la mejor alternativa, para evitar antinomias inconducentes e incluso trastiendas violentas

Entre medio de éstas fuerzas culturales opositoras (por llamarlas de algún modo), y las conservadoras,   se encuentran los que intentan de manera equilibrada pensar en generar debates armónicos y plurales, con  aportes científicos de valor,  sobre los temas fundamentales relacionados a las prácticas agrícolas imperantes y a como generar nuevos espacios productivos, en los que se puedan insertar los sectores sociales postergados por el modelo hegemónico vigente. En éste ultimo grupo podrían discutirse formas alternativas de producción, que pueden ser implementadas con un mayor criterio ecológico y sobre todo que estén al alcance económico y financiero de productores de pequeñas escalas.

Sin embargo a estos sectores equilibrados y sincréticos les está siendo difícil hacer oir su voz, ya que en la sociedad actual hay una especie de polarización muy marcada sobre los temas políticos que atañen cuestiones sociales generales, pero en particular referidas al sector rural. Hay una divergencia estructural en el pensamiento colectivo, que divide “las aguas”,  en dos posturas antagónicas muy marcadas:

Ecología y filosofía por un lado y pragmatismo productivista por otro. Al medio hay un abismo de ideas que quedan sin espacio ni fuerza para mezclarse entre lo opuesto, y que serían muy útiles para encontrar un equilibrio que alivie las tensiones ideológicas crecientes.

A pesar de todo lo expuesto, surgen estímulos que parten del sector privado y que  pueden masificarse y afianzarse con políticas concretas del sector público que intentan establecer nuevas reglas de juego productivas. Estas pueden estar encaminadas a generar un marco de igualdad, en la que puedan convivir distintas culturas  productivas y sociales, sin tener la necesidad de estar ocupando el triste lugar de ser antagónicas. Se puede pensar en un modelo con racionalidad respecto de los insumos, haciéndolo cada vez más eficiente. Y al mismo tiempo ir desplazando el antiguo sistema “pesticida dependiente”, por tecnologías productivas que contemplen más a  prácticas culturales entre las habituales tareas de campo, y en los casos de ser imprescindibles, utilizar los productos químicos disponibles con racionalidad y responsabilidad. En éste desafío es fundamental integrar al sector educativo y hacerlo desde etapas precoces (educación primaria y nivel medio).

¿Según el marco contextual previamente expuesto, qué espacios estarían disponibles para la agricultura ecológica?

Es difícil de predecir, pero es más factible que se desarrolle éste tipo de eventos, en zonas geográficas de menor escala, y sobre las tierras en dónde sea más competitiva, económica y sustentable su aplicación. Los cambios en la cultura productiva, son graduales, y se van originando de la suma de pequeños aportes. El proceso puede ser lento ya que no es fácil romper la inercia y es muy importante remover mitos, a través de la educación en las nuevas generaciones, que permita ir en contra de las “cotidianas costumbres productivas que van quedando obsoletas”.

El común de la gente y entre ellos los agricultores actuales, ignoran en absoluto que existen prácticas en equilibrio con el ambiente que pueden ser muy  eficaces a la hora de cuidar a los cultivos de las amenazas. Sin embargo, ya sea por falta de información, por acostumbramiento generacional, y por un triste e intencional ocultamiento de datos ( incluso a nivel educativo superior); muchas de las técnicas en las que se solventa la agricultura ecológica son tomadas como poco serias o utópicas. Esto hace que sea mas lento aún el proceso de masificación y puesta a punto de un modelo productivo alternativo.

¿Puede coexistir la agricultura agroecológica con la tradicional?

En realidad es difícil saberlo, ya que no es una cuestión meramente logística, sino que va mucho más allá. Como hemos dicho antes, hay todo un contexto sociocultural que juega un rol fundamental en determinar de manera pragmática la posibilidad de coexistir, o de ir en sentidos opuestos. Lo importante es que el agricult0r moderno vaya tomando conciencia acerca de los métodos que utiliza para cuidar a sus cultivos y para implantarlos.

“Un aire de cambio”,  a pesar de la indiferencia generalizada

Ya sea a pequeña, mediana o gran escala, se puede avizorar una especie de tendencia hacia la reducción de combustibles fósiles, la optimización en el uso de agroquímicos y el auge de los fertilizantes orgánicos. Hoy por hoy éstos últimos, son solo factibles  en chacras y extensiones menores, pero no se los puede incluir en el sistema productivo extensivo por su altísimo costo.

Actualmente , es más fácil poder separar ambas asignaturas como contradictorias y cada una ocupando nichos distintos. La producción tradicional domina a las grandes extensiones (millones de hectáreas), mientras que las producciones frutihortícolas pueden mirar a la agricultura agroecológica más cercana a sus posibilidades.

Por lo tanto lo más probable (en una primera e hipotética etapa), es que se generalicen  chacras agroecológicas de pequeña y mediana escala. Esto será factible en determinadas zonas geográficas que presentan ventajas competitivas, respecto de otras, para el auge de una agricultura signada por procesos más que por insumos. Y que a su vez promueva un mayor nivel de empleo, favoreciendo el desarrollo social y familiar. La región de Cuyo, los valles irrigados por el Río Negro y Colorado, Tafí del Valle y otras regiones que históricamente se comportaron como frutihortícolas, probablemente, sean las pioneras en impulsar e implementar sistemas sustentables, en armonía con el ambiente. Estos sistemas están pagando muy altos costos en pesticidas, y están comprobando cómo los agroquímicos tradicionales,  cada vez se vuelven más ineficaces para mantener a sus cultivos protegidos.

El panorama referido a un posible despegue de las producciones agroecológicas es incierto, y en algunos casos muy contradictorio, pero sin dudas que hay una creciente movida de revalorización de los aspectos ecológicos fundamentales, o al menos eso es  lo que se advierte en el pensamiento social de nuevas generaciones de productores. El desafío que los impulsa es hacer que la producción esté en armonía con el ambiente y a su vez sea factible desde el punto de vista económico. La tarea no es sencilla y habrá que luchar en contra de las habituales estigmatizaciones,  que hacen ver de manera antagónica el principio económico con el ecológico. Sin embargo los especialistas advierten categóricamente,  que pocas cosas son más sinérgicas,  que economía de recursos con ecología…

Actualidad: un ejemplo de estímulo al desarrollo de la agricultura ecológica y familiar

La Subsecretaría de Agricultura Familiar de la Nación realizará el 28 y 29 de mayo el “3º Encuentro Taller Regional de Agroecología” , en La Rioja y participarán técnicos y productores de San Juan (Jáchal, Calingasta, Rawson, Caucete y 9 de Julio).

Agricultura familiar

El encuentro estará orientado a seguir profundizando la discusión en cuanto a conocimientos teóricos y prácticos de la agroecología, con dinámicas de trabajo participativas y salidas a terreno para conocer experiencias concretas. Se trata de la recuperación de formas de producción ancestral, propia de nuestros pueblos, como posibilidad real de producción de alimentos sanos. Será en la localidad de Guandacol, Departamento Felipe Varela y participarán técnicos y productores de San Juan (Jáchal, Calingasta, Rawson, Caucete y 9 de Julio), Mendoza y la Rioja.

Acerca del significado de agroecología, la referente provincial de la Secretaría de Agricultura Familiar delegación San Juan, ingeniera agrónoma Mónica Knopoff comenta que “es un concepto muy amplio, implica producir respetando el lugar donde estamos, la tierra, la naturaleza, retomando antiguas formas de producción sin ver cada cultivo en forma aislada sino en forma integral; a nivel predial y a su vez dentro de una provincia, región y país. Tratando de que la producción sea sostenible en el tiempo tanto en lo económico como ecológico y social, respetando todas las formas de ver y pensar”.

En cuanto a la metodología de trabajo en estos talleres mencionó que “el taller lo construimos entre todos y con los saberes de todos, no está el concepto que la única forma de aprender es haber ido a la universidad, venimos a aprender todos. Hay gente que viene trabajando desde hace años en esto. Por lo tanto los que dan la charla son productores y productoras, en la unión de distintos saberes aprendemos todos, no hay quien sabe y quien no sabe.”

Finalizando, Knopoff, explicó que “para que la Agricultura Familiar siga produciendo alimentos para todos, tiene que ver con diversidad, cantidad, calidad y precio. Para eso debemos recuperar muchas formas de producir más sanas donde no dependamos de intermediarios ni semillas que no podamos producir nosotros, sino termina todo en muy pocas manos (empresas), en cambio si fomentamos la realización de la agricultura a escala humana, con tecnología apropiada, formas de comercialización directa, sería la forma de obtener alimentos sanos para todos”.

Sobre Gastón Hernán Pepa

Gastón Hernán Pepa
35 años, Agrónomo. // Twitter: @gauchitosmu email: gaston@cordobatimes.com